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En busca del periodista digital

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
01/10/1996
Fuente de la información: Revista en.red.ando
Organizador:  Enredando.com, S.L
Temáticas:  Periodismo  Periodismo digital 
Editorial número 39

(Primer artículo de nueve sobre periodismo digital)

De la dictadura de los técnicos...
(8-10-1996)
... a la perplejidad de las masas
(15-10-1996)
El nacimiento del "poder suave"
(22-10-1996)
El cartero llama miles de veces
(30-10-1996)
Cómo escaparse del quiosco y no morir en el intento
(5-11-1996)
La universidad flotante
(12-11-1996)
El corresponsal del conocimiento
(19-11-1996)
Periodismo de disco duro (26-11-1996)


Se hace camino al andar


¿Sucumbirán los periódicos de papel bajo el peso digital de Internet? ¿Están condenados a muerte estos medios por la creciente expansión del metamedio virtual? ¿Acabaremos leyendo en soporte electrónico —sea del tipo que sea— las noticias que hoy podemos llevarnos cómodamente a cualquier parte —no sé por qué siempre se escoge como ejemplo el retrete— gracias a su empaquetamiento en pedazos de árboles transformados en hojas de colores? Desde hace un par de años, estas preguntas recorren insistentemente los debates sobre el futuro de la Red, unas veces de manera abierta y manifiesta, otras soterradamente, como si se tratara de una amenaza tenebrosa que se cierne sobre nuestras cabezas. Y en los próximos dos meses, llenarán también el aire —el real y el digital— de Barcelona al compás de dos eventos: la celebración de la Conferencia InetCat-96, organizada por la Internet Society de Catalunya, y el Tercer Congreso de Periodistes Catalans, organizado por el Col.legi de Periodistes de Catalunya. En ambos casos, el periodismo digital (cualquiera que sea lo que entendamos por este flamante concepto) ocupará buena parte de las sesiones.

Y también de en.red.ando. En éste y los próximos números trataré de avanzar algunas ideas sobre qué (nos) está sucediendo en el campo que Internet ha abierto en canal como ningún otro medio desde la revolución industrial: el de la comunicación. Para ello, y en aras de una claridad que —estoy seguro— no siempre conseguiré, he estructurado estas reflexiones en varios apartados:

a) la historia de la digitalización de los periódicos;
b) el final de la guerra fría y la crisis del modelo de comunicación;
c) el papel de los periodistas en esta fase de cambio;
d) el reto que afrontan las empresas periodísticas.

Y añado un etcétera porque estoy seguro de que vosotros mismos me señalareis aspectos, carencias, lagunas, argumentos, que me permitirán completar el temario.

Como es natural, me resultará imposible nadar en aguas profundas: a fin de cuentas, estos no son más que editoriales, con las ventajas y limitaciones que esta técnica periodística conlleva. Algunos de los puntos enumerados tendré que subdividirlos, como el del papel de los periodistas, por la importancia que tiene el debate de las nuevas profesiones en esta fase de transición.

A manera de introducción, como ya expresé en otra ocasión (La fe no es una buena consejera digital: 9/4/96), la pregunta sobre la desaparición o no de los medios de papel me parece una forma estéril de plantear el debate, muy acorde con este mundo que nos empuja hacia el pensamiento único: o blanco o negro, o estás o no estás con nosotros, o vives en el ciberespacio a muerte o lo traicionas si imprimes una sola página web. Esta estúpida forma de ver la vida viene dictada, en gran medida, por la poderosa ignorancia de los analfabetos digitales. Es una manera, como cualquier otra, de diferir a otro tiempo y espacio cuestiones que no están en disposición de abordar con mediana seriedad simplemente porque no saben qué se está cocinando realmente dentro de Internet. Consideran que un par de visitas turísticas al día (o la semana) al ciberespacio les basta para fijar el curso de los acontecimientos. Es como si uno se fuera de vacaciones a Madagascar y volviera tras quince días de playa con el "Libro Blanco para el desarrollo económico, social y político" de la isla bajo el brazo. O sea, con todas las soluciones posibles pergeñadas bajo un cocotero y lubricadas con ron. Pero, por más que sea una industria tan pujante y prometedora, el turismo sigue siendo algo muy diferente de vivir en Madagascar y tener que ganarse el sustento allí adentro. Lo mismo puede decirse de Internet.

Si el periódico de papel desaparecerá o no le puede interesar a los profesionales de la prospectiva, cuya carrera se cuenta más por los errores que por los aciertos. Más interesante resulta discutir qué está ocurriendo y qué ocurrirá a corto plazo con los medios de comunicación, en particular, y con la comunicación, en general. Hasta qué punto se verán afectados por la creciente capacidad de Internet de recolectar, clasificar, procesar, transferir y mostrar a una audiencia interconectada información sobre procesos complejos que ocurren en áreas geográficas apartadas (física, económica, política, cultural, espiritualmente). Este fenómeno está convirtiendo la información sobre lo que acontece en la mercancía central de las relaciones internacionales, independientemente de que ello ocurra en el ámbito local o global. Aunque, a través de Internet, esta distinción no tiene tanto sentido, o mejor dicho, no el mismo que fuera de la Red.

Me parece fascinante examinar la comunicación y el futuro de los medios de comunicación de papel desde este punto de vista. Sobre todo, porque esta era de "información excedentaria" nos coloca ante el fenómeno único —y la oportunidad desconocida— desde la revolución industrial de tener que comprender, diseminar y procesar información por nosotros mismos y no de que nuestras decisiones estén necesariamente determinadas por las interpretaciones, opiniones y prioridades de otras personas. ¿Desaparecerán los periódicos de papel al final de este camino? Buscarle respuesta a esta pregunta en esta fase es más aburrido que chupar un clavo en una isla desierta. Su propia formulación ya supone que TODOS somos iguales y, por tanto, TODOS adoptaremos la misma solución basada en los mismos criterios para construir un mismo y único futuro. Recuerdo a los navegantes que ni siquiera Hitler con toda su poderosa máquina industrial y de guerra consiguió algo semejante en los momentos más álgidos de su poder. Incluso entonces se vio obligado a dar otra vuelta de tuerca para liquidar la diferencia (o al diferente). Y aunque se llevó a muchos por delante, no lo consiguió. Hemos acumulado suficiente experiencia histórica como para pasar olímpicamente por delante de estas discusiones sobre la "tabula rasa" y, en cambio, entretenernos con las herramientas culturales que permiten expresar la diferencia del individuo o de los grupos humanos. O sea, por ahora, esto que llamamos Internet.

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