
 | El libro en.red.ando Título: en.red.ando. Autor: Luis Angel Fernández Hermana Idioma: castellano Año publicación: 1998 Lugar de publicación: Barcelona (España) Editorial: Ediciones B, S.A Nº Páginas: 489 ISBN: 84-406-8568-8
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La parte principal del libro la constituyen los editoriales publicados durante 1996 y 1997 por Luis Angel Fernández Hermana en la revista electrónica en.re.dando,
los cuales mantienen, a pesar del tiempo transcurrido, gran parte de su
vigencia y actualidad. En muchos casos, las cuestiones tratadas
constituyen una parte esencial del debate actual sobre la Sociedad del
Conocimiento y su impacto en la vida cotidiana. Temas como la necesidad
de reformar la educación para integrar la cultura virtual, el destino
del periodismo digital y los nuevos medios de comunicación, o el
impacto de las telecomunicaciones en el Tercer Mundo son abordados en
un tono crítico, ameno y distendido. El libro incluye cuatro entrevistas publicadas en en.red.ando
que, aún hoy, son consultadas asiduamente en las páginas donde fueron
publicadas en Internet: Juan José Martín-Casallo López, entonces
director de la Agencia de Protección de Datos; Stelarc, artista que
coloca su cuerpo a disposición de los internautas mediante una serie de
electrodos conectados a Internet; Ramon Fons, alcalde de Callús y
entusiasta promotor de la creación de "ciberpueblos"; y Manuel
Castells, autor de la monumental obra "La Era de la Información". Manuel Castells escribió esta introducción al libro: Introducción al libro en.red.ando de Luis Ángel Fernández Hermana
Manuel Castells, catedrático del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Barcelona) y miembro del Alto Comité de Expertos sobre la Sociedad de la Información, de la Comisión Europea.
El puente entre la Galaxia Gutenberg y la Constelacion Internet
La extensión de Internet y la difusión exponencial de su uso representa un salto cualitativo en el desarrollo de la revolución tecnológica informacional y del tipo de sociedad que induce, la sociedad red. Con Internet, las tecnologías de información transforman la comunicación entre personas y organizaciones, haciendo posible una red mundial interactiva para todo tipo de actividades y propósitos. Ciertamente, hoy por hoy, Internet pertenece a una élite tecno-cultural de unos treinta o cuarenta millones de personas (las estimaciones varían), con más de la mitad de los usuarios todavía concentrados en Norteamérica, y una proporción muy alta de hombres de las capas mas educadas (y más jóvenes) de la población. Pero los ritmos de difusión del uso de Internet y la densidad de su utilización crecen de forma extraordinaria. La capacidad ya instalada de utilización permitiría acceder a Internet a unos 600 millones de usuarios. Y algunas proyecciones fiables de uso estiman entre 1.000 y 2.000 millones de seres humanos el número de usuarios potenciales de Internet dentro de unos diez años. Ninguna actividad, profesional o personal quedará fuera de Internet para quien lo utilice. El acceso a la información, la comunicación horizontal de opiniones e informaciones entre ciudadanos, el correo personal, la organización de las empresas, la participación política, están siendo ampliadas y profundizadas a través del uso de Internet.
A diferencia de otros medios de comunicación (como la prensa, radio o televisión), Internet no puede ser controlado por quienes tienen el poder o el dinero. Ello es así porque la arquitectura de la red fue creada precisamente con esa idea en mente: que ningún poder pudiese interceptar o controlar la comunicación. Paradójicamente, fueron los tecnólogos del Pentágono los que tuvieron esa idea, para evitar el posible uso de las comunicaciones de las comunicaciones estadounidenses por una potencia extranjera (la URSS, obviamente). De ahí la idea de una estructura sin centro, en la que de periferia a periferia existan infinitos caminos que el mensaje busca automáticamente cada vez que encuentra una barrera de entrada. La única manera de controlar Internet es estar fuera de la red. Y eso tiene un costo cada vez más alto. Esta arquitectura libertaria, individualista, está llevando de coronilla a gobiernos, a empresas (que no pueden vender mucho en Internet mientras no puedan garantizar la seguridad de las transacciones comerciales) y a todos los cabezas cuadradas a quienes entra el pánico ante el caos de información que Internet representa. De ahí los ataques a la Red, aprovechando temas sensibles como la pornografía infantil, o su uso por grupos nazis o racistas. Pero Internet es real como la vida misma, y por tanto todo tiene cabida en la Red, lo bueno, lo malo y lo indiferente de nuestra sociedad. Pero tiene la extraordinaria ventaja de la transparencia y de la accesibilidad. Cierto que hay pornografía y racismo en Internet, pero también utilizan este medio los zapatistas para organizar la solidaridad con la defensa de la dignidad de los indios de Chiapas; y únicamente a través de Internet, sin organización de ningún tipo, pudieron, en octubre 1997, organizar una manifestación de cientos de miles de mujeres negras en Filadelfia las estadounidenses que luchan a la vez contra el racismo y el sexismo.
En Estados Unidos, en 1996, un tribunal federal anuló las leyes de control de Internet propuestas por el gobierno de Clinton, amparando a este medio electrónico como forma ultima de la libertad de expresión, e incluso afirmado que Internet es el caos informativo y que los ciudadanos tienen "un derecho constitucional al caos"... Es aquí donde la revolución tecnológica de la información muestra su potencial de desbordamiento de las categorías políticas y culturales con las que hemos vivido hasta ahora y a las que se aferran desesperadamente las élites políticas y mediáticas, temerosas de perder el más importante de los poderes: el del control de la comunicación. El potencial de Internet se desarrolla por minutos porque toda una nueva industria de software tiene por objetivo esencial el proporcionar instrumentos de navegación y comunicación en esa red universal, por lo que pasa de ser un simple instrumento de comunicación a constituir el sector industrial más dinámico de la nueva economía global. Y en la medida en que los nuevos productos vayan llegando al mercado, su utilización va a explotar a niveles poco sospechados en estos momentos. Internet es la infraestructura básica de la sociedad red, nuestra sociedad.
Ahora bien, la difusión de Internet se encuentra con tres problemas fundamentales. El primero es la desigualdad económica, social, cultural y tecnológica entre países, personas y grupos sociales. Se trata de un elemento fundamental de democracia nacional e internacional que debe recibir la atención preferente de gobiernos e instituciones internacionales, nacionales, regionales o locales. El acceso a Internet, y a sus posibilidades, es tan importante, en nuestra sociedad, como el acceso a la educación. El segundo problema es el de los contenidos. Es esencial que la riqueza cultural, personal, artística y política que existe en nuestras sociedades, por ejemplo en la sociedad catalana, se exprese enteramente en Internet. Solo así se podrá evitar la colonización cultural (involuntaria) que las temáticas propias de Estados Unidos ejercen en Internet. No hay que rechazar mensajes, hay que poblar la red con todas las culturas y todas las individualidades: la red tiene capacidad para ello y los programas que se van desarrollando van a permitir seleccionar información y navegar con efectividad. Pero hay un tercer obstáculo, yo diría tal vez el mas serio a corto plazo, y es la ignorancia que tiene la inmensa mayoría de la población (incluida la norteamericana) en relación con Internet. Navegar en Internet es elemental, está al alcance de cualquier niño (pero no de cualquier adulto de más de 40 años...). No obstante, la barrera principal es de orden psicológico y cultural. El miedo a lo desconocido, al vacío. A ese miedo contribuyen por un lado los futurólogos, como Toffler, Gilder etc., que cuentan historias fabulosas sobre la nueva sociedad que no tienen nada que ver con lo que la investigación empírica demuestra (por ejemplo, que las ciudades no desaparecen sino que, al contrario, la concentración urbana aumenta en la sociedad red - aunque las ciudades se interconecten en todo el mundo). Por otro lado, el mundo de ficción de películas, novelas y reportajes mal informados, en los que la tecnología siempre aparece como revelando atroces desequilibrios que alimentan el pánico ancestral del hombre a perder el control de las máquinas.
De ahí que explorar seriamente la realidad de Internet, hacer vivir a la gente (a través del médium alfabético) la vida en la red, y ser capaz de comunicar, con rigor y con amenidad a la vez, cuál es nuestro nuevo medio de comunicación, es una tarea social, política y tecnológica de extraordinaria importancia. Por eso el libro de Luis Ángel Fernández Hermana, escrito desde la frontera de la comunicación electrónica, es importante, es útil y es ejemplar. Establece el puente entre la Galaxia Gutenberg y la Constelacion Internet y nos permite adentrarnos por esos nuevos caminos de la mente con humor, inteligencia, informándonos, conmoviéndonos y haciéndonos reflexionar. Sin resabios publicitarios, sin segundas intenciones, simplemente enredándonos para que no nos enreden desde fuera de la red. Es un libro escrito desde dentro del nuevo mundo de la comunicación para quienes sienten la curiosidad, pero también el temor, por adentrarse en ese mundo. Y, de paso, nos permite a quienes, con distinta intensidad, circulamos por los flujos de ese hiperespacio, contrastar ideas, opiniones e informaciones. El libro que tiene entre sus manos es un puente cultural y un aprendizaje personal entre su medio y su mensaje, entre la belleza del libro como medio y el mensaje de que ya forma parte de un hipertexto de comunicación que constituye nuestro nuevo entorno mental.
Berkeley, California Mayo de 1998

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