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El reino de los archivos

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
21/3/2007
Fuente de la información: Madrimasd
Organizador:  Madrimasd
Temáticas:  Redes 
Artículo publicado en Madrimasd
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El reducido grupo de científicos y tecnólogos que diseñó aquel primer experimento, a finales de 1969, en el que conectaron cuatro ordenadores, uno en la Universidad de Utah y los otros tres en universidades de California, ni siquiera cargados del LSD que abundaba en la época en los recintos universitarios, podrían haber dibujado algunas de las formas concretas hacia las que ha evolucionado la Red o este nuevo tipo de convivencia "en red" que se ha instalado entre nosotros sin pedir permiso ni llamar antes a la puerta. No digamos ya entrever siquiera el impacto que tendría sobre la vida en este planeta lo que finalmente se llamaría Internet.

La cuestión, entre muchas, que surge de inmediato es: ¿Tenía que haber sido así? ¿Era imposible en aquellas circunstancias haber realizado un ejercicio de prospectiva que nos hubiera acercado, aunque fuera remotamente, a sospechar el impacto de la Red, qué supondría interactuar en un espacio virtual como el que perfilaban aquellos ordenadores conectados? La respuesta es tan obvia como si la planteáramos sobre el momento en que se formó la Tierra. Si en un suponer de historia-ficción cualquiera de nosotros hubiera observado desde una silla de juez de tenis todo lo que estaba sucediendo hace cinco mil millones de años ¿podría haber entrevisto, no digamos ya un simple vestigio de vida futura, sino siquiera algunos de los ingredientes que finalmente conformarían aquella sopa primitiva de la que deriva todo lo que hoy somos y tenemos? Deducir nuestra sociedad actual del bombardeo cósmico de hace cinco mil millones de años habría exigido no sólo una formidable imaginación, sino dotes excepcionales de proyección, predicción y prospectiva que ni siquiera hoy día somos capaces de vislumbrar. Además, sabemos a ciencia cierta que ni había silla de juez de tenis, ni nadie sentado en ella observando aquel carnaval galáctico.

Pues bien, algo parecido nos ha sucedido hace apenas 40 años. La gran diferencia es que, en esta ocasión, había gente sentada en la silla del juez de tenis. Pero tampoco pudieron deducir prácticamente nada de lo que nos iba a pasar, aparte de unos cuantos esbozos superficiales de lo que significaría un mundo interconectado y comunicado. Ni los más aficionados a las profecías consiguieron acercarse someramente a lo que ocurrió después, en unas poquitas décadas. Los paradigmas de la comunicación y de las aldeas globales/locales tan sólo nos camuflaron una realidad más profunda y significativa: la emergencia de una naturaleza artificial, creada y recreada por el bombardeo inmisericorde de archivos numéricos que se acurrucaban en o corrían por ordenadores conectados. Nada más. Ahí dentro, en la Red, no hay nadie más y nada más que nuestra representación numérica. Y esa red, ese sustrato tecnológico, está diseñado de tal manera que sobre él podemos desplegar redes a partir de la creación, gestión, organización, diseminación e interacción de los archivos digitales. Por que son los propios usuarios los que se encargan de "cargar" el sistema con archivos. Ese es nuestro punto de encuentro con los otros, lo cual genera, al mismo tiempo, una particularísima, extraña y sin precedentes dinámica de población: en ella reside lo que ya muchos denominan ciencia de las redes, es decir, el estudio de los comportamientos más o menos organizados a través de archivos relacionados en el espacio virtual.

La ciencia de las redes, sobre las cuales tenemos ya un buen conocimiento desde la perspectiva del mundo físico (lo que muchos llaman "mundo real" para contraponerlo al mundo virtual o artificial de la Red) ha encontrado un terreno tan fértil en el ciberespacio, que ahora comenzamos a ver nuevos procesos que afectan no sólo al núcleo de las ciencias como las hemos entendido hasta ahora, sino que construyen nuevos paisajes a partir de la propia dinámica de la conformación de dichas redes o de la actividad en red. Hasta ahora, se sabían cuáles eran los compartimentos estancos por donde se encauzaban los conocimientos de la física, la química, las matemáticas y otras ciencias exactas, así como los supuestos teóricos en que se asientan. Al mismo tiempo, se aceptaban "algunos trasvases" hacia las ciencias sociales, pero la separación entre ambas ha supuesto -y sigue suponiendo- una forma medular de estructurar el conocimiento en el sistema educativo, en particular, y en la sociedad, en general.

Las redes, sin embargo, como si estuvieran guiadas por miles de agujas hiperactivas, van cosiendo partes de las ciencias exactas que antes parecían lejanas o directamente inconexas, o de las ciencias exactas con las ciencias sociales, haciendo emerger tanto lagunas nuevas, espacios de conocimiento que nunca habíamos imaginado y a los que ahora prestamos por primera vez atención y comenzamos a abordar, como territorios conocidos ya en alguna parcela de la ciencia, pero que ahora adquiere un nuevo significado al plantear problemas y problemáticas que sólo adquieren visibilidad a través de las redes. Esto está suponiendo un reacomodo fenomenal en el mundo académico y de la investigación, con la conformación de agrupaciones (¿redes?) entre vecinos improbables para tratar de afrontar los nuevos retos, desde el punto de vista de la investigación y del conocimiento nuevo que es necesario impartir para funcionar en un mundo tan peculiar y extraño como el de las redes digitales.

En España, estamos viendo como surgen los primeros polos de estos agrupamientos que, signo de la inmadurez del sector, algunas veces trabajan sobre las redes con un acopio abrumador de recursos propios de la era industrial y, en otras, la conformación de redes para investigar permite crear múltiples mundos paralelos artificiales que se prestan para ser... "metainvestigados". Un ejemplo de esto lo tenemos en lo que se denomina (más por la época que vivimos, que por la forma cómo está actualmente organizada) la Red Temática sobre Aplicaciones de la Física Estadística y No Lineal a la Economía y las Ciencias Sociales.

Allí vemos el dominio de lo complejo, el encuentro entre lo transversal y lo no lineal, el maridaje de la biocomputación los sistemas complicados, la dinámica financiera contaminada por los nuevos materiales. Y esto sólo está empezando, como veremos en próximas entregas.


Enlaces de interés

.-
Las mariposas de la red
.- Comunidades como ríos
.- Redes informales

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