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Comunidades como ríos

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
22/4/2003
Fuente de la información: Revista en.red.ando
Organizador:  Enredando.com, S.L
Temáticas:  Redes 
Editorial 368

No hay camino real en matemáticas


Desde el 15 de febrero de 2003, el día en que millones de personas marcharon por las calles de ciudades de los cinco continentes para expresar su desacuerdo con la guerra contra Irak, han corrido ríos de tinta sobre el origen y el significado de esta masiva expresión ciudadana. Como nos han contado estos días perplejos analistas e intelectuales en todos los medios de comunicación, se suponía que vivíamos una era de despolitización galopante, los jóvenes tenían las neuronas focalizadas en cosas superficiales (o trágicamente desfocalizadas, según el punto de vista y la edad del diagnosticador), el individualismo era rampante, la falta de comunicación casi endémica y el pensamiento único se extendía como una inevitable fiebre vírica. De repente, muchos de estos presupuestos están en la cuerda floja. Y no se sabe muy bien porqué, pues si la prédica social a través de medios de comunicación, portavoces políticos y representantes del mercado liberal tenía un martilleante sonsonete era precisamente el de las virtudes de la despolitización, el individualismo y el pensamiento único.

¿Cuál era el factor que faltaba en la ecuación y que nos explicaría lo que ha sucedido? Los lectores de en.red.ando saben muy bien cuál es nuestra respuesta: Internet, un ámbito donde se manifestaban corrientes altamente politizadas, participativas en comunidades virtuales e iniciativas colectivas y con una riqueza y diversidad de pensamiento que debería haberle sacado los colores a cualquiera de los ideólogos del pensamiento único. La Red ha ido conformando durante una década larga un repositorio de información y conocimiento de tal tipo que no existe nada parecido para el uso particular de grupos sociales o partidos políticos, colectivos profesionales, medios de comunicación, empresas, organizaciones del tipo que sea, entidades o instituciones, o administración pública. Un repositorio construido a través de una multiplicidad de interacciones que todavía escapa a cualquier intento de clasificación o categorización y que no tiene una réplica o modelo explicativo en el mundo real.

No se trata tan sólo de intercambios de correos electrónicos, visitas a páginas web, intervenciones en foros, participación en el comercio electrónico o consumo de sistemas de información más o menos maduros. Se trata, como se ha dicho muchas veces, fundamentalmente de un arco de experiencias que genera relaciones sociales innovadoras y conocimientos nuevos, difícilmente formalizables con los instrumentos cognitivos que tenemos a mano.

Esta es una de las razones por las que resulta difícil explicar cómo estas experiencias cristalizan de repente y emergen y desaparecen en el mundo real, en un movimiento pendular de diferentes escalas y alcance, pero que van manifestando una huella típica del ciberespacio: el comportamiento de comunidades virtuales que, como cardúmenes, se crean y recrean constantemente y se mueven discretamente tras objetivos no siempre claramente explicitados. ¡Qué menos se puede esperar cuando frecuentemente esos objetivos ni siquiera están encarnados en las preocupaciones de los medios de comunicación, o en las agendas políticas de los gobiernos, o rozan la subversión porque chocan contra el orden establecido en empresas u organizaciones! Dicho de otra manera, todavía no hemos prestado la debida atención a estas corrientes subterráneas de cambio cultural impulsadas por las peculiares relaciones que se establecen a través de la Red y que, por ahora, sólo esporádicamente asoman la cabeza en el mundo real, como sucedió, por ejemplo, el pasado 15 de febrero.

Ahora bien, como también hemos insistido en ocasiones anteriores desde este mismo espacio, si Internet, los millones de ordenadores en red que la integran, lo que hace es fabricar una naturaleza nueva, artificial, habitada por seres en forma de ceros y unos, cuya actividad depende precisamente de la manera, dirección y respuesta que genera el intercambio de ceros y unos, entonces para comprender lo que está sucediendo en dicha naturaleza y sus implicaciones se requiere el concurso y la convergencia de disciplinas muy diferentes y de áreas de conocimiento aparentemente muy dispares y alejadas entre sí. En otras palabras, se necesita una mirada nueva para integrar diferentes instrumentos cognitivos capaces de desentrañar la actividad que se desarrolla en entornos complejos, en este caso, en redes complejas como Internet.

Esto es lo que ha hecho un grupo español de investigadores procedente de campos tan “revueltos” como la ingeniería química, la física fundamental, la ingeniería informática y las matemáticas (*). En un trabajo innovador que abre enormes posibilidades para comprender lo que sucede en la Red, este equipo de científicos ha conseguido cartografiar las redes que se conforman en una organización -en este caso la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona- a partir de las interacciones a través del correo electrónico. La investigación sólo examina el tráfico bidireccional de los mensajes, no su contenido. La imagen que surge es una muy diferente del mapa formal de dicha organización y de su habitual estructura jerárquica. 

De manera espontánea, aparecen comunidades que, en algunos casos, reflejan los equipos de investigación, los departamentos, las facultades o los centros de gestión. Y, en otros, se reorganizan transversalmente siguiendo, según se puede inferir de los datos recabados, el intercambio de información y conocimiento de personas o grupos ajenos al mapa formal de la organización, pero que desempeñan un importante papel en el funcionamiento de estas comunidades, aunque formalmente no esté reconocido así.

Este trabajo, que se ha realizado consultando los cuadernos de bitácora (los “logs”) de los servidores de correo electrónico de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, es el primero en el mundo de este tipo. Los investigadores han conseguido trazar la constitución y auto-organización de redes comunitarias virtuales en una organización de unos 1700 usuarios y el examen del tráfico de casi un millón mensajes intercambiados. Uno de los sorprendentes resultados de este trabajo es que el flujo de información de estas redes virtuales muestra una fuerte analogía con las redes fluviales, las cuales se sabe que se auto-organizan de manera tal que optimizan al máximo el flujo de energía del sistema.

Este tipo de investigación sobre redes complejas, donde confluyen disciplinas tan diferentes de las ciencias exactas y las ciencias sociales, será determinante para comprender la naturaleza y comportamiento de las redes sociales mediadas por ordenador. Sin duda constituirán una herramienta valiosísima para saber cómo se crean y auto-organizan comunidades virtuales de manera espontánea, cómo actúan, o cómo surgen y funcionan sus líderes. Por tanto, las organizaciones dispondrán de medios contrastados para reorganizar y gestionar sus estructuras -formales o informales- a partir de las interacciones de sus miembros y de sus flujos de comunicación en estas redes virtuales. En suma, el trabajo de estos científicos abre las puertas de par en par hacia la elaboración de una “política de la Red” basada no tan sólo en intuiciones más o menos acertadas, sino en procesos comprobables y verificables sobre nuestro comportamiento en la naturaleza virtual y su influencia y relaciones con el mundo real.

La importancia de este trabajo ha tenido una especie de confirmación “colateral” a través de una de las clásicas batallas del mundo de la ciencia. El equipo científico español envió un artículo donde explicaba su investigación a las revistas Science, Nature y Physical Review Letters, entre otras. Silencio administrativo. Entonces decidió publicarlo en la Red en un archivo utilizado frecuentemente por físicos de todo el mundo, donde ponen a disposición pública resultados científicos aunque no hayan sido aceptados por las revistas científicas de referencia. Cuatro meses después, apareció en el mismo archivo un artículo firmado por tres investigadores del laboratorio de Hewlett Packard de Palo Alto (EEUU) donde se hacía lo mismo que los científicos españoles -pero sin mencionarlos ni siquiera de pasada-, aunque con una población de usuarios y un volumen de tráfico de correo electrónico notablemente menor. Y entonces sí que las cosas comenzaron a moverse. Natura Science Update publicó una reseña del trabajo de HP, lo mismo que el portal de cNET, sin que en ningún caso se mencionara la investigación española.

Este tipo de ¿cómo llamarla? ¿manipulación informativa? ¿prepotencia científica? ¿ejercicio de poder mediático en el campo de la ciencia?, pues bien, este tipo de todo esto antes pasaba desapercibido para todos: comunidad científica y público en general. Sólo los que estaban muy metidos en el ajo se enteraban de que se había cometido una tropelía de esta clase. Ahora, con la Red, cada vez resulta más difícil tirar la piedra y esconder la mano. Cualquiera puede ahora consultar las respectivas investigaciones en Internet y no es necesario que éstas hayan recibido la bendición previa de las revistas científicas de referencia para saber dónde están las comunidades de investigación que van abriendo el camino. De paso, nosotros nos constituimos también en parte de dichas comunidades al enterarnos de qué hacen, cómo lo hacen, la trascendencia de sus trabajos y comentarlo en lugares como éste. Así funciona Internet y así se explica en parte lo que está sucediendo estos días con la emergencia de un estado de opinión global sobre el que apenas había antecedentes en el mundo real.

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(*) El equipo de investigación está integrado por:
R. Guimerá, del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Northwestern (Evanston, EEUU);
L. Danon y F. Giralt, del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona, España);
A. Díaz-Guilera, del Departamento de Física Fundamental de la Universidad de Barcelona;
y A. Arenas, del Departamento de Ingeniería Informática y Matemáticas de la Universidad Rovira y Virgili.
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