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Las redes informales de la economía

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
17/12/2002
Fuente de la información: Revista en.red.ando
Organizador:  Enredando.com, S.L
Temáticas:  Redes  Economía 
Editorial: 350


Tal habrá que, sabiendo, no podrá; y tal hubo que, pudiendo, no pudo


Ya llevamos muchos años en los que las predicciones del FMI y el Banco Mundial sobre el estado de la economía mundial fallan estrepitosamente y son revisadas de manera persistente. Pareciera como si alguien, de repente, dijera: "¡Glups, nos hemos colado otra vez, ahora por dos puntos. La tasa de crecimiento mundial (continental, regional) será en realidad menos del 1%". Nadie pide disculpas, claro, a pesar de que estas "venerables" instituciones estén repletas, según nos dicen, de los mejores economistas del mercado. Otras organizaciones supranacionales o nacionales, como la Unión Europea o EEUU, sufren asímismo de esta misma dolencia de "alteración súbita de las tasas o los índices". ¿Qué sucede? ¿Cómo es que se equivocan tanto? ¿De qué economía hablan cuando hablan de economía? Según Teodor Shanin, la clave del asunto reside en la denominada "economía informal", la cual engloba a la mayoría de la población mundial y a la que la economía oficial apenas presta atención.

Shanin es un sociólogo de origen "móvil", como él mismo explica. Su padre nació en Vilnius cuando pertenecía a Rusia, su madre cuando era alemana y él cuando era polaca. Ahora es la capital de Lituania. Este sociólogo lleva muchos años recorriendo el mundo y estudiándolo... desarmado de encuestas. Sus equipos se quedan a vivir en las regiones que estudian, viven y trabajan como cualquier hijo de vecino y, poco a poco, hacen emerger los verdaderos factores que determinan la economía local y, por tanto, sus conexiones, si existen, con otras economías. Por consiguiente, cuando Shanin habla de desempleo, supervivencia, pobreza o desigualdad, estos conceptos adquieren un significado diferente, explican un mundo que apenas ha llegado a los libros. En su opinión, hasta que no se reconozca la existencia de la economía informal, será prácticamente imposible pensar seriamente en cómo atacar y eliminar las lacras sociales y económicas que mantienen a miles de millones de personas en circunstancias rayanas en la subsistencia.

El concepto de "economía informal" ha venido apareciendo en la literatura económica de manera sincopada durante los últimos 25 años. El origen está en África cuando, hace unos 25 años, diferentes investigadores percibieron que las leyes de la economía al uso no explicaban cómo sobrevivía la mayoría de la población del continente. De acuerdo a los modelos económicos, millones de personas deberían haber muerto al no poseer bienes, infraestructuras, lugares de trabajo o ingresos suficientes ni siquiera para reponer los recursos mínimos de los que dependían. Pero allí seguían, subsistiendo en medio de debacles sociales y económicas que, de acuerdo a las teorías convencionales, deberían haber arrasado con toda brizna de vida humana.

Cuando guardaron los manuales y dejaron los modelos para mejor ocasión, estos investigadores descubrieron que las reglas de la supervivencia humana de las sociedades industriales simplemente no funcionaban en África, por más que en muchas partes de este continente se detectaran los signos externos de dichas reglas -vestigios de industrialización-. Supervivencia no era sólo un drama humano, sino que tenía un profundo significado económico: implicaba la renuncia obligada al incremento de la ganancia, la liquidación del salario, el reforzamiento de redes familiares y locales de apoyo mutuo y un tejido de empresas familiares que amanecían en tareas agrícolas y se dormían elaborando objetos de artesanía para uso cotidiano o comercial. Los investigadores descubrieron que esta economía informal no era privativa de África, sino que se extendía por América Latina, Sudeste Asiático e incluso muchos países desarrollados, como Italia. Y no se reducía tan sólo al sector agrícola, sino que sus redes penetraban hasta centros urbanos perfectamente representativos de la madura economía capitalista.

En otras palabras, los datos de las grandes estadísticas tenían, tienen y, previsiblemente tendrán durante mucho tiempo, un enorme agujero negro por el que desaparece la mayor parte del quehacer de la población mundial. En realidad, dichas estadísticas tan sólo retratan la riqueza creada por una cuarta parte de la fuerza laboral mundial y, como contrapartida, el negativo muestra la imagen oscura y deformada sobre lo que sucede con las otras tres cuartas partes. Como explica Shanin en una reciente entrevista concedida a la revista británica "The New Scientist": "El punto de vista convencional establece que cada país funciona en una especie de línea continua entre la economía controlada por el Estado y la economía capitalista pura; entre la izquierda y la derecha. Pero lo cierto es que la mayoría de la humanidad vive fuera de este modelo [...], sobrevive en la economía informal".

Las implicaciones, prosigue Shanin, son enormes, porque al no saberse a ciencia cierta cómo funciona esa economía informal, entonces resulta imposible aplicar políticas que permitan aliviar y mejorar la situación. Los planes de ayuda, por bienintencionados que sean, muchas veces inundan de alimentos gratis los engranajes económicos de los mercados locales con efectos catastróficos sobre los ingresos. Desaparece entonces el entramado básico de la supervivencia con las consecuencias que todos conocemos. Para Shanin, lo que ayuda a mejorar la economía informal son tecnologías "de soporte": infraestructura de transportes y comunicación, procesamiento de alimentos (cadena de frío y conservación), sistemas de información que complementen las redes familiares, locales o regionales, las cuales constituyen las estructuras de apoyo mutuo sobre las que se asienta dicha economía informal.

Esta economía zigzaguea continuamente a medida que sociedades enteras, como ha sucedido en Argentina, desembocan en espirales polarizadas por la pobreza, la desigualdad y la liquidación de ingentes recursos monetarios. Inmediatamente aparecen los signos más visibles de la economía informal (trueque, redes sociales de apoyo, nuevas redes criminales para recomponer mercados en desintegración), cuya dinámica se aleja de la economía formal y sobrevive a partir de leyes diferentes a las que explican el funcionamiento del capitalismo. Como dice Shanin, muchas veces es cuestión de elección: en vez de competir y de someterse a una lucha extenuante para sobrevivir, comunidades enteras eligen cultivar su propio rincón económico a través de huertos, de mercados informales de alimentos y ropa, o de trabajos a tiempo parcial que quiebran la clásica relación empresa-asalariado, como está sucediendo a una escala apreciable en Gran Bretaña.

La ironía es, como señala Shanin, que, si lo puedes elegir, en el sector informal hay más control del propio destino. Y si te lo imponen las relaciones de dependencia entre las diferentes economías, la salida no es copiar a la "economía rica", sino complementar los déficit de una economía informal sustentada en redes. Para ello es necesario que ambas economías se conozcan, se interrelacionen y sepan dónde están las necesidades sin presuponerlas antes de detectarlas. Para decirlo en palabras de Shanin: "Necesitamos aprender de ellos tanto como ellos de nosotros". En resumen, una forma diferente, pero no distinta, de formular la economía del conocimiento.
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