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Entrevista a Lynn Margulis. Bióloga.

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
25/4/2000
Fuente de la información: Revista en.red.ando
Lugar: Barcelona
Entrevista número 22

"La tecnología es nuestra segunda naturaleza" 



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Lynn Margulis es ampliamente conocida en el mundo de la biología por su teoría endosimbiótica, en la cual propone que las células eucariotas (células de animales, plantas, hongos y protoctistas) se habrían originado a partir de diferentes células procariotas (sin núcleo) mediante una relación simbiótica que llegó a ser permanente. La comunidad científica acogió con escepticismo la propuesta de Margulis cuando la expuso por primera vez en 1967. No obstante, las investigaciones de las últimas décadas la han venido confirmando en casi todos sus puntos. Se ha descubierto, por ejemplo, que las estructuras moleculares de los cloroplastos y las mitocondrias están más relacionadas con bacterias extrañas que con las células en las que están incorporados desde hace mil o dos mil millones de años.

Margulis, junto con el científico Robert Whittaker, propuso una clasificación de los seres vivos en cinco reinos a partir de la simbiogénesis (Monera, Protoctistas, Plantas, Animales y Hongos), en vez de los tres "vigentes" (Mineral, Vegetal y Animal). El eminente científico Freeman Dyson (padre de Esther Dyson, una de las más conocidas gurú de Internet), estima que Lynn Margulis es una de las mayores constructoras de puentes en la biología moderna (F. Dyson: Los orígenes de la vida, Cambridge University Press, Madrid, 1999). El más importante de todos, según Dyson, se basa en esta idea de que el parasitismo y la simbiosis son las fuerzas impulsoras en la evolución de la complejidad molecular. Aunque la idea original fue expuesta por científicos rusos, en particular Konstantin Merezhkovsky, fue Margulis su promotora y sistematizadora más activa.

A principios de los años 70, Margulis comenzó a colaborar con el químico de la atmósfera James Lovelock, quien propuso la hipótesis Gaia --ahora elaborada como teoría-- sobre la capacidad de la vida para autorregular el planeta. Esta idea conlleva en su seno la forma como los seres vivos desarrollan y se apropian de tecnologías que modifican el entorno.


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P.-- ¿Sigue investigando o la parte pedagógica de sus descubrimientos es ahora lo más importante?

R.-- Continuo con la investigación sobre el origen de la célula eucariota y seguimos con los trabajos de campo en el Delta del Ebro. Al mismo tiempo estoy diseñando unos módulos de enseñanza para los profesores de ciencia. Son tres unidades basadas en una ciencia integrada. En todos los casos empezamos con lo muy familiar, como qué pasa con la basura, las arenas vivas donde viven ciertos organismos o una estimación de los grandes números para comprender la selección natural, con el fin de llegar a una idea absolutamente esencial para la ciencia como es la evolución. Finalmente voy a firmar un contrato para escribir un libro de unas 200 páginas titulado: "Los orígenes de las especies. Adquisición de genomas hereditarios".


P.-- ¿El libro es una puesta al día de su teoría de la simbiogénesis?

R.-- El libro deberá reflejar el trabajo de los últimos 30 o 40 años y no sólo el mío, sino el de mucha gente. En el fondo es una discusión sobre el neodarwinismo. Nosotros estamos de acuerdo con la selección natural. Está claro que el desarrollo de la vida conduce a una producción excesiva de organismos y que sólo una parte puede sobrevivir. Para superar este cuello de botella, muchos de estos organismos experimentan cambios hereditarios que los transmiten a sus descendientes. Esto es darwinismo puro y estamos de acuerdo con este punto de vista. Pero los neodarwinistas, que dicen que lo comprenden todo y no es verdad, sostienen que la innovación evolutiva procede de una acumulación de mutaciones que ocurren al azar. Sí, claro que hay una acumulación de mutaciones, pero eso no tiene mayor importancia. Si tienes un reloj y haces un cambio al azar tendrás un reloj que no funciona, o funcionará peor que antes. El planteamiento neodarwinista no explica la innovación positiva.


P.-- ¿A qué se refiere?

R.-- La innovación positiva es la adquisición de microbios. Un genoma es el conjunto de los genes de un organismo. Cuando digo que hay una adquisición que puede ser hereditaria quiero decir que se puede adquirir y transmitir el genoma de otro ser. Esto ya está probado con las mitocondrias. Lo mismo con los cloroplastos que tienen ese color verde. Lo curioso es que las ideas que fundamentan este proceso de simbiogénesis proceden de principios de siglo. En 1927, el científico estadounidense Ivan Wallin escribió sobre esto casi en la misma época que lo hicieron otros tres rusos a quienes nunca conoció ni leyó: Konstantin Merezhkovsky, Kozo Polyansky (+1957) y Famintzin (+1921). Otra científica rusa, Liya Khakhina recogió estos trabajos y escribió un libro "Conceptos de simbiogénesis: Un estudio histórico y crítico de las investigaciones de los botánicos rusos" , publicado en 1992 en inglés por la Yale University Press.


P.-- ¿Cómo conoció usted estos trabajos?

R.-- En nuestra literatura científica encontré algunas referencias a las investigaciones de los rusos en simbiogénesis, pero eran muy vagas. En 1986 gané una beca para ir a la URSS y buscar estos trabajos. Di algunas conferencias en Moscú y un día llegó a verme una mujer con la que no compartía ninguna lengua que nos permitiera comunicarnos y me dio un paquete en una bolsa de papel. Cuando llegué al hotel descubrí que era el libro de Liya Khakhina. Me di cuenta de que había gente muy buena en la universidad trabajando sobre este tema. Mi hija, que hablaba ruso, buscó a la autora de este trabajo en la guía telefónica. Cuando la encontró, Khakhina gritó: "Sí, soy yo y claro que quiero hablar con Lynn". Y apareció esta mujer grandota, mayor que yo, y me dijo que su profesor había muerto con tres cuartas de la obra escrita y ella tuvo que finalizar todo el trabajo. Era un libro donde se recogía toda la investigación de estos científicos rusos del primer cuarto de siglo. Liya incluyó incluso una revisión de los que estaban en contra de la simbiogénesis. Era una obra muy completa.


P.-- Había mencionado a Wallin.

R.-- Sí, añadimos los trabajos de Wallin, que murió en 1969. Él, que nunca había leído a los rusos, fue el primero que dijo que la mitocondria vino de las bacterias. Su libro, "Simbioticismo y el origen de las especies", es fascinante. Cuando tenía 35-40 años intentó crecer mitocondrias en cultivos puros. Estaba en la Universidad de Columbia, Nueva York. Cuando quiso publicar los resultados de estas investigaciones nunca pudo repetirlas. Se fue después a la Universidad de Colorado y tampoco lo consiguió. Lo rechazaron no por sus ideas, sino porque su técnica no era buena, aunque se mezcló todo.


P.-- ¿Qué pensaban de Darwin estos científicos rusos?

R.-- Ellos eran antidarwinistas. Para ellos, el azar nunca había proporcionado nada. En vez de hablar de mutaciones al azar, ellos propusieron la simbiogénesis como el mecanismo de las innovaciones positivas para la evolución.Y simbiogénesis, que era la palabra rusa, era la manera de hacer innovaciones.



Simbiogénesis y azar


P.-- ¿No podrían decir los neodarwinistas que la simbiogénesis es una de las posibles mutaciones al azar?

R.-- No, esa es precisamente la diferencia, que no son mutaciones al azar. Por supuesto que hay mutaciones, eso no lo vamos a negar. Pero las mutaciones al azar no causan los grandes pasos en la evolución. Al azar quiere decir que no tiene ningún sentido para la selección natural. Todo lo contrario de lo que sucede en la evolución. Por ejemplo, tengo un ser vivo verde, algas, y tengo un animal en todo el sentido, con espermatozoides, huevos, músculos, intestinos, etc. Las algas no son animales ni plantas y pueden hacer fotosíntesis. El animal vive en condiciones extremas, con una piel casi transparente, como las algas y, por alguna razón, no las digiere completamente. La primera generación tiene ese animal con comida no muy bien digerida. Después de muchas generaciones, si entra luz, las algas "gotean" sus genes, dejan en el animal la capacidad de hacer fotosíntesis. Después de muchas generaciones, porque la simbiogénesis es un término de la evolución que se define a lo largo de muchas generaciones, tienes un animal verde con los genes del alga incorporados a su propia genoma. El animal verde ha evolucionado a través de simbiogénesis. Eso no es nada al azar, sino que está muy bien adaptado y funciona perfectamente y puede vivir en profundidades donde no tiene mucho para comer, pero la fotosíntesis le ayuda a desarrollarse.


P.-- La mutación al azar, en este caso, tiene un propósito, no es una mutación entre muchas otras posibles.

R.-- Sí, no es una mutación al azar, tiene una dirección muy clara. Los neodarwinistas, como Richard Dawkins, ponen el grito en el cielo, porque para ellos todo ocurre al azar. Pero hoy ya tenemos pruebas suficientes para sostener que las principales estructuras internas de las células eucariotas no se originaron dentro de esas células, sino que descienden de seres vivos independientes que invadieron las células desde el exterior. Invasores y hospedantes evolucionaron de forma gradual hacia una relación de mutua dependencia.


P.-- ¿Este es el tema central del libro que está preparando?

R.-- El libro va a tratar de donde vienen las especies nuevas. Tiene cuatro partes. Primero las ideas que hoy día tiene la gente sobre el particular. En segundo lugar, la simbiogénesis en el origen de las células. Tercero, los trabajos de Don Williamson sobre unas larvas marinas que tienen diferentes genomas y por eso dan lugar a diferentes adultos con ciclos vitales distintos. Finalmente, abordaré la cuestión de la fisión de los cariotipos. Por ejemplo, las algas tienen mitocondria, plasto y núcleo. Son tres genomas. Las células del animal tienen mitocondria y núcleo citoplasma. Tiene dos genomas. Ahora bien, el animal resultante de la evolución tiene cinco. Si comparamos el animal al que le falta el genoma del alga con el que la tiene, yo digo que el acto de especiación es cuando se produce este paso de uno al otro. Si tienes una lista de todos los genomas de cualquier ser vivo, si la lista es la misma, pertenece a la misma especie. No es necesario fijarse en cuestiones de sexualidad u otros rasgos para definir las especies. Para mí, las bacterias no tienen especies porque no son productos de simbiogénesis. Todo lo demás, si.


P.-- Por este camino usted propone un cambio en los reinos y abandonar la división en mineral, vegetal y animal.

R.-- Claro, si tomas la simbiogénesis como punto de partida, llegas a cinco reinos: Monera, Protoctista, Algas, Animales y Hongos. Lo que los definen es el número de genomas. Cuando hablaba antes de los módulos pedagógicos me refería a preparar materiales para que los profesores de ciencia puedan enseñar estos reinos. No es fácil, porque ellos no tienen tiempo para hacerlo, ni son especialistas en elaborar este tipo de material educativo. Además, en EEUU no hay un sistema público que ayude. No hay más remedio que acudir al sector privado y el único criterio entonces es si lo que propones da o no da dinero.


cinco reinos
Cinco reinos: Monera, Protoctista, Algas, Animales y Hongos



Competencia y cooperación


P.-- La simbiogénesis parece trasladar el énfasis de la evolución según Darwin desde la competencia y la victoria de los más fuertes al terreno de la cooperación.

R.-- No suelo utilizar la palabra cooperación, pero todo esto de lo que hemos hablado es cooperación. En el fondo, competencia y cooperación son las dos caras de la misma moneda. Pero se trata de términos que tienen sentido en los deportes, pero no para comprender la evolución. De todas maneras, sí, es cierto, todo de lo que hemos hablado es cooperación, es la unión de diferentes ramas de seres vivos que se encuentran a través de la simbiogénesis.


P.-- Lo digo también porque hay una corriente de pensamiento que ha inyectado un sustrato biológico a lo que está sucediendo con Internet precisamente por el grado de cooperación que suscita la Red.

R.-- No es nada nuevo, quizá lo es a la escala de la especie humana, pero no en la biología, como algunos pretenden descubrir ahora. Venimos haciendo esto desde el origen de la vida, creando estas redes de cooperación para encontrar nuevos genomas, adaptarlos a nuestras necesidades e incorporarlos a nuestros sistemas.


P.-- En el caso de Internet, ¿se podría hablar de una "simbiogénesis social"?.

R.-- No, yo no usaría este término porque simbiogénesis es entre especies diferentes, interespecífico. En el "Plasmodium misomiceto" tenemos algo parecido a una espora de la que sale una ameba que se divide muchísimas veces. Cuando falta agua u otros medios imprescindibles, cuando el ambiente se vuelve problemático por la falta de recursos, comienzan a agregarse en cantidades enormes, como sucede en Internet, y se convierte en un ser vivo nuevo: esto sí es un ejemplo social, porque es intraespecífico y no es simbiogénesis. Muchos quedan por el camino y sólo algunos fabrican el mismo genoma nuevo. Es decir, hay un altruismo fundamental, porque todos mueren menos los que pueden sobrevivir. Y eso ocurre siempre cuando hay demasiados individuos de una población. Pero la simbiogénesis es interespescífico. O sea, tenemos los dos ejemplos. En el caso de Internet, se aplica este caso de altruismo fundamental. Los animales verdes que le contaba antes ilustra el segundo caso, la simbiogénesis, la cooperación entre especies.



Tecnología y evolución


P.-- Lo interespecífico en el caso de Internet ocurriría si, como proponen algunos, los seres humanos comenzaran a integrar algunas cosas de las máquinas. Es lo que plantea Ray Kurzweil en su libro "La Era de las Máquinas Espirituales".

R.-- Sí, conozco a Kurzweil, él era uno de los once a los que nos dieron la Medalla de la Ciencia en la Casa Blanca. Es un genio, pero no entiende mucho del mundo fuera de la tecnología. El piensa que la tecnología lo puede resolver todo. ¿Que si es posible que vayamos incorporando partes ajenas a nosotros? Bueno, eso ya está pasando hasta cierto punto con los marcapasos, los hígados de otra persona, etc. La idea importante aquí es que hace mucho tiempo que hemos sobrepasado el umbral de que una persona pueda vivir sola, a partir de sus propias capacidades. Eso no existe. Siempre estamos ligados de una u otra manera al resto. Sólo hay que cerrar los ojos y pensar en el agua, la electricidad, el petróleo, el gas, las imágenes, etc., todo nos llega a través de redes. Nosotros, los seres humanos, sólo somos nodos de estas redes. Ya somos supraorganismos y cada vez más. Esto se ha visto muchas veces a lo largo de la evolución.


P.-- ¿El mundo de las redes de ordenadores y, en particular Internet, supone una separación respecto el mundo de la biología que usted describe?

R.-- No, en absoluto, hay un desarrollo continuo. Mi hijo Dorion y yo hemos escrito un artículo al respecto que se llama "Segunda naturaleza: bienvenido a la máquina". Nosotros sostenemos que el mundo de la máquina, aparentemente tan nuevo y sin precedentes, con sus redes de comunicación, de transporte, sus tecnologías genéticas, no es simplemente un producto de codiciosas corporaciones desesperadas por vendernos cada vez más cosas. Al revés, estas tecnologías marcan una clara continuidad con las antiguas. Todas surgieron de las precedentes en un contexto evolutivo y ecológico. La tecnología forma parte de la estrategia humana para la supervivencia, un prerrequisito para la reproducción y expansión de la población. Y esta habilidad para sentir, percibir y manipular el entorno que nos soporta ha estado con nosotros desde mucho antes de que apareciera el Homo sapiens. Es nuestra segunda naturaleza.


P.-- ¿Es la tecnología parte de la evolución?

R.-- Las tecnologías fueron inventadas, refinadas y comunicadas por familias, tribus y grupos más grandes. Nuestra estrategia crucial es la de sobrevivir mediante el aprendizaje y el uso de símbolos. Nuestro dominio de la tecnología le dio forma al conocimiento y a su transmisión, lo que llamamos el "know-how".


P.-- Pero, desde este punto de vista, ¿la tecnología es siempre beneficiosa?

R.-- Nosotros somos una "especie pionera", nos movemos rápidamente hacia nuevas áreas, crecemos sin medida y producimos vastas cantidades de esporas, semillas o huevos. Este tipo de especie a veces, en vez de reforzar su propia supervivencia, la subvierte. Ha ocurrido muchas veces. Los prados pioneros secaron sustratos hospitalarios y los convirtieron en polvo, terrenos inviables para esas plantas. A veces estas especies pioneras de "miras cortas" suelen ser seguidas por otras mucho más estables. Los bosques de maderas duras (robledales o hayedos) y las orillas arenosas de cianobacterias de las islas tropicales forman lo que se conoce en ecología como "comunidades clímax". Pueden persistir por cientos de miles de años. Estas comunidades son más complejas, más interconectadas y generan mayores flujos de materia y energía, en una palabra son más "maduras".


P.-- ¿Nosotros somos una especie pionera?

R.-- Efectivamente, nosotros, la especie humana, continuamos moviéndonos como una especie pionera a través de los hábitats de otros y trasnformándolos a nuestra conveniencia. No sabemos si llegaremos a ser una "comunidad clímax" o una simple especie pionera transitoria. Pero, sea lo que sea, nuestro destino será inseparable del de nuestra tecnología.


P.-- ¿Esta idea de la tecnología estaba en Darwin?

R.-- En realidad fue uno de sus críticos, Samuel Butler (1835-1902), autor de obras clásicas de la era victoriana como "Erewhon" o "The Way of All Flesh", quien se mostró fascinado por la evolución no sólo de los organismos, sino de las tecnologías. El escribió una célebre frase: "No hay nada que nuestra pomposa raza desearía más que ver la unión fértil entre dos locomotoras". A Butler también se le puede considerar un visionario de Internet, pues a raíz de la invención del telégrafo predijo nuestra esclavitud hacia estos sirvientes mecánicos: "...cuando todos los hombres en todos los lugares sin ninguna pérdida de tiempo son conscientes a través de sus sentidos de todo lo que ellos desean para ser conscientes en todos los sitios, pagando poco por ello, para que el granjero pueda oir como se vende su lana en Londres y tratar con el comprador él mismo --puede sentarse en su propio sillón en un lugar perdido, pero al mismo tiempo oir una actuación de "Israel en Egipto" en el Exeter Hall--, puede probar un helado del río Rakaia (Nueva Zelanda) por el cual ha pagado y lo está recibiendo en el teatro de la ópera italiana... [Esto es] la gran aniquilación de tiempo y lugar por la que tanto luchamos y que en una pequeña parte acabamos de tener la oportunidad de ver cómo se concreta".


P.-- ¿Es aventurado decir entonces que la fuerza motriz de la evolución se está desplazando hacia la tecnología?

R.-- La vida incorpora también su entorno inanimado, las rocas, el aire, el agua, el suelo, a medida que ha evolucionado desde sus orígenes bacterianos hace 3.000 millones de años. El gran científico ruso Vladimir Ivan Vernadsky (1863-1945) reconoció en Biosfera, su obra maestra, que la vida es la más importante fuerza geológica. Varnadsky elaboró varias leyes. Dos de ellas dicen que, primero, el número y los tipos de elementos y compuestos químicos que ingresan en el ciclo de la organización de la materia viva aumentan con el tiempo y, segundo, que el ritmo de este ciclo aumenta a medida que nos movemos hacia el presente. El desarrollo tecnológico humano es simplemente el ejemplo más reciente de las leyes de Vernadsky. El silicio, por ejemplo, tan importante en nuestros ordenadores, ya era usado hace 300 millones de años por protistas marinos, como las diatomeas, que todavía siguen fabricando sus caparazones con este material.


P.-- En otras palabras, estamos llegando a un punto en el que las máquinas son un factor crucial para la supervivencia.

R.-- Las máquinas son como pequeños órganos de una sociedad tecnológica. Efectivamente, son cruciales para la supervivencia humana. De hecho, la tasa de crecimiento de las máquinas hoy supera de lejos a la de los humanos. Las máquinas crecen exponencialmente, cambian rápidamente y reproducen las formas cambiadas más rápidamente que los cuerpos del "Homo sapiens". Esto no quiere decir que podamos reducir la vida sobre el planeta a una metáfora sobre las máquinas. Los seres vivos, a fin de cuentas, son la fuerza creativa de la tecnología. Como sostiene David Abrams en su libro "The Spell of the Sensuous", quizá nuestro destino evolutivo es usar las tecnologías no sólo para nuestro papel de pioneros, sino para la prodigiosa expansión de toda la vida sobre la Tierra.

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