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Entrevista a Javier Echeverría. Filósofo.

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
30/11/1999
Fuente de la información: Revista en.red.ando
Lugar: Barcelona
Organizador:  Revista en.red.ando

Entrevista número 18



"Castillos en el aire"



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Javier Echeverría, natural de Pamplona (1948), es profesor de Investigación de Ciencia, Tecnología y Sociedad en el Instituto de Filosofía de Madrid, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Se licenció en Matemáticas y se doctoró en Filosofía y en Letras y Ciencias Humanas. Ha ejercido como profesor en la Universidad Politécnica de Madrid y en la Universidad del País Vasco. Ha desarrollado sus investigaciones en París, Bruselas, Hannover, Chicago y Urbana-Champaign. En 1994 publicó "Telépolis" (Editorial Destino), una primera reflexión sobre la sociedad de las redes, a la que siguió "Cosmopolitas domésticos", que recibió el Premio Anagrama 1995. Este mes acaba de aparecer su última obra: "Los Señores del aire: Telépolis y el Tercer Entorno".


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P. ¿Cuál es el hilo argumental que une a la reflexión de "Telépolis" con la de "Los Señores del aire" ?

R. "Telépolis" se refería a la ciudad global y al proceso de globalización. En cambio, "Cosmopolitas domésticos" se centraba en las tecnologías telemáticas en los ámbitos domésticos. Este último libro, "Los Señores del aire", sigue hasta cierto punto esta misma estructura, que ahora la defino como espacio social pero por doquier: es decir, superpuesta por un lado al planeta, entonces sale "Telépolis", pero también al ámbito doméstico, a las escuelas, oficinas, hospitales, a los campos deportivos, a las empresas, etc. O sea, sigo siempre la misma tesis, pero más diseminada.

 

P. Entre los dos primeros libros y este último publicó otros textos como "Filosofía de la Ciencia" o "Introducción a la Metodología de la Ciencia". ¿Qué le ha llevado a retomar la reflexión sobre "Telépolis"?

R. Yo siempre sigo varias líneas de investigación. Ésta es una de ella. Otras se refieren a la filosofía de la ciencia o a mi viejo interés por la filosofía de las matemáticas. Lo que sí es cierto es que, desde que empecé a interesarme por el tema de las tecnologías de la comunicación, cada vez les presto más atención, cada vez me interesa más su impacto sobre la sociedad y, claro, este ejemplo de la Sociedad de la Información es de tipo canónico. Mi reflexión se produce en el marco de los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad, que inicié hace unos 20 años en EEUU. Los cambios tecnológicos nunca son únicamente un problema de ingeniería y/o científico, sino que la recepción por parte de la sociedad de estos cambios es muy importante. Y en la medida en que uno proponga marcos de comprensión e interpretación de estos fenómenos, ayuda y critica las posibilidades de las nuevas tecnologías.

 

P. Desde este punto de vista, ya es curioso que en la bibliografía de su libro hay una superabundancia de autores extranjeros.

R. Salvo Manuel Castells



P. Salvo Castells y alguno que otro más. ¿Qué nos dice esto sobre este campo de reflexión en España?

R. Bueno, pues que todavía vamos a remolque, como en otras muchas cuestiones. La expansión de la Red ha sido muy reciente, el número de usuarios (aunque va creciendo paulatinamente) todavía no está al nivel no digamos ya de EEUU, ni siquiera de países como los nórdicos, Holanda o Gran Bretaña. Por otro lado, en España, aunque se está modernizando mucho, pesa todavía una arraigada tradición tecnófoba, aquello de Unamuno: "Que inventen ellos".

 

P. ¿Incluso en el ámbito académico?

R. Sí, en el ámbito académico en particular. La gente del mundo de los medios de comunicación o los empresarios son mucho más receptivos a este tipo de innovaciones. En el ámbito académico son recibidas con mucha cautela, prudencia y desconfianza. De todas maneras, Castells es una autoridad mundial y por eso es el que más menciono. A Alvin Toffler no lo conocía cuando escribí "Cosmopolitas domésticos". En una de las conferencias que dí me aconsejaron que lo leyera, sobre todo por la tesis de "Telépolis" del consumo productivo, que ahora desarrollo en profundidad. Y también ha surgido en la Red la declaración de la independencia de Barlow, que en aquel momento tampoco se conocía. Creo que internacionalmente hay una reflexión más avanzada y desarrollada. Por otra parte, también me refiero a estos autores porque aspiro a que "Los Señores del aire" sea traducido al inglés e intentaría tener una cierta entrada en el mercado norteamericano. Es un libro pensado, no tanto para el mercado de España, sino para ser leído como obra de un autor europeo en EEUU, en donde, en general, se menosprecia por completo nuestra producción intelectual y piensan que ellos son los únicos que cargan con toda la innovación en el desarrollo de las redes. A excepción de Castells y Virilio, al que se lo tiene como un autor un poco apocalíptico, lo cierto es que en EEUU hay muy pocos libros de autores europeos sobre estos temas y casi ninguno de autores españoles.

 

P. Cuando The Wall Street Journal descubrió la trilogía de Castells "La Era de la Información" y le dedicó un artículo en su primera página, se sorprendía de que semejante obra procediera de un europeo, aunque después establecía una especie de genealogía intelectual entre Adam Smith, Marx y Castells, como pensadores del origen del capitalismo, de su maduración y de la nueva Sociedad de la Información.

R. La obra de Castells es inmensa. Y una de las pocas que merece la pena. La reflexión desde diferentes perspectivas sobre los temas de las tecnologías de la información, hoy por hoy no tiene mucho éxito entre nosotros. En los dos libros anteriores, no hacía referencia prácticamente a ningún otro autor. En cambio, en éste sí: me confronto mucho más porque aspiro a tener una cierta presencia internacional.

 

P. ¿A qué atribuye esta ausencia de nuestros intelectuales en un campo de tanta actualidad y de tanto impacto social?

R. Yo creo que los intelectuales viven en sus nichos académicos y se dedican a hablar y escribir para ellos mismos. No están acostumbrados a salir de la torre de marfil de la Academia y dirigirse al público. Sobre todo, no saben hablarle a otros públicos, a gente ajena a su gremio. Esto, para mí, ha sido la experiencia más grata que me han proporcionado los dos libros. He tenido la oportunidad de dar conferencias para arquitectos, empresarios, gente de periodismo, en institutos, amas de casa. El contrastar una serie de tesis con públicos muy diferentes es lo que me ha ratificado y me ha suscitado otro tipo de problemas, los cuales no habría tenido la oportunidad de plantearme si sólo hubiera hablado con otros intelectuales.

 

P. También estará relacionado con las prioridades, ¿no?, con lo que ahora se denomina la "agenda".

R. Sí, porque esa separación entre el mundo intelectual y los ciudadanos no existe en temas políticos, que para mí, dadas las grandes transformaciones que están originando las tecnologías de la información, tienen una relevancia muy secundaria con respecto, por ejemplo, a la estructura del poder que yo defino en este libro como "Los Señores del aire". Esto me parece mucho más importante, o las alianzas estratégicas entre Telefónica y las compañías de televisión, o lo que sucede con las empresas de Internet. Creo que estos son los grandes fenómenos de finales del siglo XX. En cambio, con todos los respetos, los problemas de los nacionalismos me parecen más secundarios. No entiendo que los intelectuales sigan preocupados por la identidad de España, de Cataluña o del País Vasco, sin darse cuenta de que el proceso de cambio que están suscitando estas tecnologías tiene un impacto infinitamente mayor y está transformando mucho más el mundo. A esto habría que añadir una cuestión más y es que en el ámbito de las Humanidades el rechazo a la informática ha sido tradicional. Los de humanidades han sido los últimos que se han acostumbrado a usar el ordenador. Tengo muy buenos amigos, grandes pensadores, que se niegan a pasar sus textos a ordenador. Te dicen cosas como que todo esto es una operación del poder, del gran capital. Así resulta muy difícil reflexionar de verdad sobre estos temas.

 

P. Como acaba de mencionar, usted plantea como uno de los puntos centrales del libro una reflexión sobre el poder en la Sociedad de la Información.

R. La tesis básica es que las nuevas tecnologías de la información --seis en particular: teléfono, dinero electrónico, televisión, redes telemáticas, videojuegos y multimedia, más todo el conocimiento científico y tecnológico subyacente-- generan un nuevo espacio social donde se está desarrollando una cada vez más virulenta lucha por su control y por el poder. Autores como Toffler o Dixon explican esto con metáforas muy americanas, como la nueva frontera, tesis que abonan muchos internautas con la propuesta de un espacio romántico y libre propicio para los pioneros. Pero mi tesis es que no, que aunque hay una gran batalla al respecto, el poder ya está repartido. No lo tienen los estados, tampoco los EEUU, sino aquellos a quienes llamo los "Señores del aire o de las redes".


P. ¿Quiénes son estos señores?

R. Pues son empresas transnacionales de teleservicios: eléctricas, telefónicas, grandes compañías de medios de comunicación y, en particular, de televisión, las de software (Microsoft es la más obvia), de hardware, de videojuegos, de contenido y de dinero electrónico. Estas últimas son muy importantes y tienen un poder enorme a través del comercio electrónico. Yo siempre digo que quien se haga con el dinero electrónico tendrá un poder inconmensurable. A estas grandes empresas transnacionales de servicios las equiparo con señores feudales, señores del aire, puesto que "Telépolis" es una ciudad cuyos cimientos están en el aire, donde se encuentran los grandes satélites de comunicaciones. Y estos señores luchan por controlar las redes, bien sea de televisión, de telefonía, telemáticas, portales, servidores, proveedores de acceso, con estructuras o características netamente feudales.

 

P. ¿Cuáles serían los rasgos más evidentes de este feudalismo?

R. En primer lugar, hay una dependencia estricta entre los usuarios o consumidores de los proveedores de servicios, bien sean telefónicos, televisivos, telemáticos o de dinero electrónico. Cuando nosotros actuamos en el tercer entorno (E3) a través de un tipo de software, interface, procesador de textos, sistema de correo electrónico, gestión de ficheros electrónicos o del navegador, estamos troquelados, modelados, tenemos la impronta del "Señor del aire", lo que se traduce en unos hábitos de funcionamiento que después son difíciles de cambiar. De hecho se dan muchas identificaciones con el tipo de sistema operativo, o de navegador. Otro segundo signo de neofeudalismo (estos "señores del aire" no son de horca y cuchillo, son muy sofisticados) es que no somos propietarios de nuestros instrumentos de trabajo o de entretenimiento --por eso uso la expresión de "aparceros del aire"--. Quiero decir que el software de diseño gráfico, los navegadores o los procesadores de texto, que son nuestros instrumentos con los que nos movemos por E3, todo es alquilado, no es de nuestra propiedad, no se puede desensamblar, no se puede modificar. Hubo una etapa donde se permitía que esto fuera copiado o pirateado, pero simplemente para enganchar a más personas. Y luego, poco a poco, se ha empezado a cobrar. La tarjeta de dinero electrónico es un buen ejemplo: al principio, era gratuita, ahora ya tiene unos gastos anuales. Dentro de poco, los "señores del aire" comenzarán a introducir un "diezmo" por operación. El mismo esquema funciona en las telefónicas, en las plataformas digitales, o en esa identificación con cadenas de TV generalistas de pago, de cable. Esta subordinación llega hasta el punto de que el teletrabajador no es propietario de sus instrumentos de trabajo, sino que les son prestados por el "señor del aire" y éste puede cobrarle por el hecho de utilizarlos para producir.

 

P. ¿Hay más formas de este neofeudalismo?

R. Sí, varias más, pero ahora quiero mencionar una tercera que me parece de particular importancia. Cuando una gran empresa compra un portal, el caso más inmediato es el de Terra con relación a OLÉ, entonces todos los usuarios de OLÉ pasan a depender del nuevo señor. Es lo mismo que ocurría cuando los señores feudales luchaban o se casaban entre sí en su política de casas reales. Entonces los súbditos de un señor pasaban, de repente, a depender de otro rey o de un duque. En ese sentido somos como "siervos de la gleba". Nosotros estamos adheridos e identificados, por motivos de hábitos, a un tipo de redes y de acceso al tercer entorno. A medida que estos señores resuelven sus batallas y sus alianzas estratégicas, vamos emigrando. Recientemente he tenido que emigrar con mi correo electrónico porque mi proveedor había sido comprado. Entonces te tienes que ir adaptando constantemente a las reglas del juego.

 

P. ¿Se trata, en su opinión, de un sistema feudal cerrado?

R. No, hay zonas abiertas, pero siempre que las pongamos en relación con los tres "botines" por los que luchan "los Señores del aire":

  • por el dominio de las redes (de telefonía, de dinero electrónico, de televisión, telemáticas, de videojuegos, etc.), no del territorio.
  • por la información, por la apropiación del máximo de zonas informacionales del tercer entorno, como archivos, centros de documentación, películas, fondos bibliotecarios, hemerotecas. Esta es una importante diferencia entre el capitalismo clásico y la economía informacional.
  • y por los usuarios. Incrementar la audiencia en televisión, el número de visitas a una página web, el número de suscriptores a un foro. Se lucha por incrementar la población del feudo.

Y estas son las batalla tremendas de los señores del aire. Y lo que se dice de que este espacio puede ser el de la democracia directa, pues no es así. El poder y la dependencia es cada vez mayor por parte de los usuarios. No somos, por tanto, ciudadanos, sino súbditos, cada cual de nuestro respectivo señor del aire. Ahora bien, se constituyen también comunas, como sucedió en el medievo. La plataforma Lynux es un ejemplo de comuna. Y hay también ámbitos de libertad, como en aquella época. Los señores feudales no se dedicaban a controlar la vida de las ventas donde había grandes juergas y una gran libertad de costumbres, pero en cuanto llegaban las guerras, la recaudación de los impuestos, o cuando alguien cometía un delito, actuaban. En ese sentido esto funciona igual, si alguien comete un delito en el ciberespacio, pirateando o no pagando, inmediatamente le caen las "mesnadas" del señor del aire, sus servicios de orden, que no son los del estado.

 

P. ¿Hace aquí una distinción entre los ejércitos de los estados y los "servicios de seguridad" de estos señores?

R. EEUU sí mantiene un control desde el mismo estado en el ámbito militar. Pero "los Señores del aire" no luchan por territorios, ni por la ideología, sino por el poder económico, por la información. Medio en broma, medio en serio, suelo decir que los estados son como los antiguos obispos medievales, algunos armados, pero otros con una autoridad moral que pueden condenar por prácticas monopolísticas, pero no tienen poder ejecutivo, no dominan redes. La tesis fundamental es que en el tercer entorno los estados son entidades declinantes y están surgiendo nuevas modalidades de organización y coerción.

 

P. Le voy a plantear un punto crítico para cada una de las tres tesis que acaba de explicar. Tanto en el caso del feudalismo, como en el del capitalismo, uno de sus rasgos es el de la consolidación del poder desde el punto de vista de los siervos o de los súbditos. Siempre está claro quién es el dueño del castillo, por así decirlo. ¿Es posible hablar del poder en el mismo sentido cuando en este momento estamos viendo cómo surgen nuevos conglomerados que, a quienes han detentado el poder tradicionalmente, les meten miles de millones de dólares en el bolsillo y los mandan para casa? ¿Quién manda cuando aparecen actores que todavía ni siquiera poseen la cultura del poder, en qué se basa éste?

R. Vamos a ver. Cuando se habla de que un país va bien se mide fundamentalmente por una serie de indicadores, sobre todo el del Producto Interior Bruto (PIB) y la inflación, pero se compara entre estados. Si se comparara el ritmo de crecimiento de un estado con el de alguno de estos "señores del aire", sería ridículo el crecimiento de los estados. Quiero decir con ello que algunos de estos "señores" manejan presupuestos superiores a los de varios estados importantes. Pero es mayor en un doble sentido: por un lado, en cuanto a tendencia, o sea que el crecimiento de estas corporaciones es mucho más rápido, alrededor de un 20% o 30% anual, mientras que los estados lo hacen en un 2% o 3%. Y por el otro, inciden como grupos de presión en la política de los estados. El ejemplo de Bangemann me cuadra a la perfección. Un señor del aire, de no gran envergadura, como Telefónica, ficha al comisario europeo, lo cual es un claro signo de la escasísima relevancia del poder que tiene la Unión Europea. Estos señores están haciendo negocios infinitamente mayores que los que tuvo nunca el rey del automóvil, del acero, o del petróleo. Estamos ante un espacio ideal para la especulación y la acumulación de capital. Hay un segundo aspecto a tener en cuenta. Y es que estos "señores del aire" tienen muy pocos costos fijos. El 80% de los presupuestos del estado está atado a la educación, el mantenimiento de las infraestructuras, la seguridad social, la salud, etc. Una cosa es comparar el volumen total y otra el disponible. El volumen disponible de los "señores del aires" es infinitamente mayor que el de los estados. Estos últimos, que han sido tradicionalmente los poderes dominantes, habían sujetado más o menos al poder militar y al económico mediante leyes fiscales y otras regulaciones jurídicas. Pero en el E3 la fiscalidad o no existirá o será mínima. Por eso mismo, la capacidad de expansión de los señores del aire es mucho mayor, los costos laborales jamás los asumen, si entran en crisis traspasan la factura a los estados correspondientes o se trasladan a otro país porque su movilidad es increíble.

 

P. El segundo punto se refiere a la propiedad de los instrumentos de trabajo. Aquí hay contratendencias muy interesantes. Una es la que usted ha mencionado de Lynux, que se enmarca dentro de del movimiento del "software abierto" y de la "fuente abierta" ("open source"). En principio, plantea la posibilidad de un estatus diferente para los instrumentos de trabajo. ¿Esta contratendencia podría llegar ser el estado de la cuestión dentro de unos años?

R. Yo la veo como un movimiento de insurgencia de los ciudadanos.

 

P. ¿Una especie de comuneros del neofeudalismo que usted describe?

R. Comuneros, claramente. Comuneros que en un momento dado pueden encontrar un "señor del aire" que les apoye y se construyen sus propios instrumentos de trabajo. La reacción de los "señores del aire" ante estos movimientos es todavía imprevisible. Aún no ha habido un ataque fuerte, por ejemplo lanzando virus sistemáticamente, una especie de ataque militar. O dedicándose desde un laboratorio de I+D a generar fama de inseguridad en la plataforma Lynux. Los "señores del aire" esto lo podrían hacer. Si todavía no lo han hecho es porque la opción, a largo plazo, de comprar estas plataformas les ha funcionado. El problema de estas plataformas es el del poder, el gobierno. Ya sucedió con la Internet Society cuando se constituyó hace ocho años. La mantenían voluntarios, gente joven, entusiasta. Era el momento romántico de la Internet. Pero, claro, la IS se privatiza y deja de controlar el sistema de nombres de dominios. Una cosa es el momento de constitución de la comuna, que es ilusionante, activo, pero luego, al consolidarse el gobierno de la misma y las reglas de funcionamiento dentro de ella, los "señores del aire" pueden optar por participar en esas comunas, o en los comités que las gestionan hasta hacerse con el poder. Entonces, el que haya ciudades o redes libres no dependientes de "señores del aire" va bien con el esquema feudal. Creo que estas comunas, por el momento, no serán atacadas, pero tendrán el problema político de cómo se administran, cómo se gobiernan, cómo se democratizan, y quiénes toman las decisiones. Toda la tesis del libro es que hay que constituir "Telépolis": el problema es cómo organizar el gobierno de la comuna.

 

P. Aquí hay un elemento muy importante en el E3 que no ha existido en ninguno de los dos anteriores. Si el conflicto entre las zonas libres y las de los "señores del aire" llega a derivar en una infoguerra, resulta que ambos bandos tienen las mismas armas, pues éstas son recursos tecnológicos al alcance, en principio, de todos. Se puede "atacar" Microsoft o el Departamento de Estado con las mismas armas con que ellos pueden "atacar" Lynux, lo cual no es cierto en el caso de los "ejércitos atómicos", nunca mejor dicho. Esto debe tener implicaciones económicas muy serias en su esquema ¿no?

R. Sí, claro. Por eso es por lo que no creo que se vaya a ir a una guerra. Las propuestas de mi libro son tres:

  • hay que civilizar el tercer entorno, pensarlo como ciudad, como ayuntamiento de redes, no como estado. O sea:
  • hay que democratizarlo, porque los usuarios no participan actualmente en la toma de decisiones,
  • y hay que humanizarlo.

Veamos el segundo punto: no creo que este espacio pueda ser democratizado en varias décadas, dada la estructura de poder vigente. Lo que propongo es la constitución de dos cámaras, según un esquema renacentista: una cámara de los lores y una de los comunes. En la de comunes estarían estos comuneros, gremios como los científicos, los médicos, los maestros, los ingenieros telemáticos, sociedades defensoras de los derechos de los ciudadanos, gente fundamental para el desarrollo de Telépolis. Tendríamos, entonces, un consejo de redes de los "señores del aire", de las grandes compañías, pero también otro consejo o cámara de los comunes, con representación de los usuarios. En estas cámaras es donde se acordarían las regulaciones. Esto sería un paso hacia la democratización de E3.

 

P. ¿Y usted vez por alguna parte las semillas de esta de idea?

R. Por el momento no. Todo está muy disperso. Precisamente por eso el modelo conceptual que se aplique es muy determinante. Por una parte, hay gente que sigue pensando en términos románticos, de mercado desregulado, de mente interconectada, incluso con componentes místicos y espiritualistas. Por la otra, ves que hay una batalla entre modos de producción, que no hay una política de redistribución de riqueza, que una política fiscal ni siquiera es posible imaginarla en estos momentos. Todo esto lo analiza muy bien Castells: E3 como espacio ideal para el blanqueo del dinero, las mafias de la droga, etc. Los "señores del aire" están instalados en el poder y sostienen luchas tremendas entre ellos, lo cual es bueno para los ciudadanos. Porque si no estaríamos perdidos; si fuera un monopolio, entonces sí que iríamos en la dirección del "1984" de Orwell. Por eso hay que crecer en el sentido de crear y organizar esta cámara de los comunes.

 

P. Usted se plantea en el libro la cuestión de la urbanización del espacio telemático.

R. Efectivamente. Cabe pensar en ello siguiendo los modelos del segundo entorno y poniendo por todos lados .es, o .usa, es decir, mantenerlo en base a las organizaciones territoriales. Yo soy partidario de urbanizarlo por actividades, por telecalles. La de los militares, la de los comerciantes, la de los banqueros, el gran mercado, etc. Cada una con sus características. La telecalle de la educación, por ejemplo, no admitiría publicidad para los niños mientras estén jugando en red con videojuegos. Propongo organizarlo a la forma medieval y que cada calle tenga su propia forma de urbanización. Los militares que se monten sus ciberguerras siempre y cuando no me metan una ciberbomba en mi calle, los comerciantes que hagan los negocios que quieran, pero déjennos tranquilos en las otras calles, sean la de la salud o las del barrio golfo de Telépolis.

P. El tercer punto que quería mencionarle es el de la redistribución de la riqueza. Advierto en los análisis sobre los modelos económicos de la Red, tanto en Castells, como en su libro, una traducción monetaria de la información. Y no sé si esto se corresponde con todo lo que está sucediendo. Por ejemplo, si pensamos en Cisco o en Yahoo, cuyos respectivos valores en bolsa superan a los de corporaciones emblemáticas de la Sociedad Industrial, como General Motors o Boeing, resulta que ese valor depende de la información que potencialmente aportamos todos los internautas en la Red, de lo contrario ni Cisco podría vender infraestructuras, ni Yahoo enriquecería su directorio. Esto no es como funciona el modelo económico en el segundo entorno, donde la población que vuela, por poner un ejemplo, es una minoría del total, y es la que sostiene con el dinero que desembolsa una parte sustancial del negocio de Boeing. Entonces, cuando se habla de la ausencia de una política de redistribución de la riqueza, ¿qué función se atribuye al trueque de información y conocimientos que posibilita, por ahora, la existencia de la Red? ¿a qué tipo de modelo económico cree que corresponde este tipo de fenómenos?

R. Yo no lo sé, eso es muy complicado. No soy experto en economía y funciono por intuiciones o reflexiones. Eso lo tienen que estudiar los economistas. Por el lado de la información, hay un objeto extremadamente valioso, por ejemplo, en en.red.ando para cualquier "señor del aire" y es tu lista de suscriptores. Si quien te alquila los instrumentos de trabajo se autoatribuye un derecho de pernada por el cual accede a tu listado de direcciones. Sin necesidad de entrar en la empresa se ha quedado con algo de mucho valor. Y esto sucederá. Un día, un señor del aire te enviará a un gestor y te dirá: "Vente a mi fuero, te protegeré y mantendré tus derechos". Y esto es lo que sucedió en el medievo. Muchísimas ciudades libres se integraron en ducados por este sistema. Y eso es lucha por la información, aunque todavía no hay un mercado de la información. En eso coincido con Castells, en que la información es una forma social más desarrollada que el dinero. Los capitalistas más sofisticados no miden su riqueza en términos de beneficios económicos directos, sino de información. El valor de tu listado de suscriptores y por qué lo trocarías, este es un problema que de momento no hay banco capaz de medirlo. Lo que sí está claro para los "señores del aire" es que, si bien cuidan de los beneficios, saben que lo importante es que la información siga creciendo, como el número de usuarios, para habituarlos, fidelizarlos, hacerlos siervos, súbditos... y éste es el misterio de esta economía . Yo no puedo responder a la pregunta.

 

P. Fidelizarlos... Yahoo tiene entre el 1,2% o el 1,4% del tráfico de Internet, el que más de todos.Con esas cifras de audiencia en la mano echarían a la calle a cualquier director de un canal de televisión. Hay un 99% del público que no te sigue. ¿Cómo cree que la gente se mantendrá fiel a los lugares donde los "señores del aire" están concentrando todos sus esfuerzos?

R. Pongamos el ejemplo Telefónica, una estructura típica del tercer entorno. Parte de la telefonía fija, pasa a la móvil, se lanza a la conquista de medios de comunicación, de la televisión, a continuación lucha por Internet (con portales), satélites ya tiene pero en su momento luchará por más satélites, en algún momento incorporará los videojuegos. La estrategia es ir construyéndose su propio feudo. Si tienes los satélites, que es la infraestructura básica de "Telépolis", y a continuación controlas parabólicas, compañías de televisión, telefónicas, dinero electrónico y empresas de contenidos, ya eres un "señor del aire". La fidelización se producirá cuando a un empresario le garanticen buenas comunicaciones, eficiencia, facilidad de uso, seguridad, que no le roben y por ello pague diezmos pequeños. Entonces será fiel a su señor.

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