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Entrevista a Ramón García Bragado. Director General de Localret

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
16/2/1999
Fuente de la información: Revista en.red.ando
Lugar: Barcelona
Organizador:  Revista en.red.ando
Entrevista número 10

"Lo que produce heridas no son los cambios,
sino la resistencia a los cambios"



Separación


Ramón García-Bragado nació en Huesca y es licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Entre 1981 y 1986 se desempeñó como Secretario Interventor de la Entidad Municipal Descentralizada de Valldoreix (Sant Cugat). Hasta 1988 fue asesor de área del Síndic de Greuges de Catalunya para temas relativos a la administración local, fiscalidad municipal, ordenación territorial y medio ambiente. En la agitada época de preparación de los Juegos Olímpicos'92 en Barcelona, fue responsable de contratación del Instituto Municipal de Promoción Urbanística. En 1993 fue nombrado subdirector de Barcelona Regional, cargo que compaginó durante dos años con el de asesor jurídico de la Comisión de Telecomunicaciones del Ayuntamiento de Barcelona. Desde principio de 1998 es director general de Localret, función que compagina con la docencia en la Universitat Pompeu Fabra.


Separación


P. ¿Cómo surge Localret?

R. En España, al igual que en el resto de países europeos, desde 1992 se generó un debate sobre cómo liberalizar las telecomunicaciones. Pero en España, a diferencia de otros países europeos, no había televisión por cable. Por eso tuvieron éxito los vídeos comunitarios., que se convirtieron en macrovídeos comunitarios. Pasaban el cable de un edificio a otro y emitían películas y programas de televisión. La legislación prohibía esto último porque lo consideraba televisión y necesitaba una concesión del Estado. El Gobierno persiguió al vídeo comunitario que conectaba a diversos edificios. Estas empresas llegaron hasta el Tribunal Constitucional que les dio la razón y reconoció que era más importante el derecho de comunicarse que la necesidad de controlar el dominio público, que era lo que ellos transgredían. O sea, el Estado podía regular la TV por cable pero no podía prohibirla por no hacerlo.


P. Aquello generó un fuerte debate sobre cómo legalizar las redes de cable en España.

R. Efectivamente. Este asunto se mezcló con el de la liberalización de las telecomunicaciones -la pérdida del monopolio por Telefónica-. Y se sumó un tercer ingrediente: instalar una red de cable ya no era sólo para pasar televisión, sino construir una red de banda ancha, lo cual era muy diferente de lo que había sucedido en Europa cuando instalaron sus redes de cable. O sea, después de 1994 comienza a hablarse de redes de cable de telecomunicación, una infraestructura alternativa a la de Telefónica. Cuando el TC emitió su veredicto, muchos ayuntamientos se lanzaron a cablear o a dar permisos para hacerlo. Al mismo tiempo, la Unión Europea presionaba para liberalizar las telecomunicaciones y la fibra óptica bajaba de precio en picado. Todo junto era un cóctel muy poderoso. Fruto de ello fue la negociación de la Ley del Cable para construir redes de banda ancha y que concedió un papel muy importante a los ayuntamientos porque se entendió que la televisión por cable (TVC) era un fenómeno fundamentalmente local.


P. Estamos hablando de los años en que Internet asoma la nariz para el gran público a través de la WWW.

R. Sí, los años 94, 95 y 96. Pues bien, aquél proceso se entendió rápidamente en Catalunya. Hubo un acuerdo casi unánime en considerar que las redes de cable eran las de banda ancha y que, por llevar también televisión, llegarían a todos los ciudadanos y no sólo a las empresas. Por eso se impulsó un acuerdo municipal para desarrollar conjuntamente este tema. Lo que alumbró finalmente a Localret fue que la ley pedía crear demarcaciones con un mínimo de 50.000 habitantes y un máximo de dos millones. En Catalunya hay 18 municipios de más de 50.000 habitantes. Si decidían ser demarcación, el resto quedaba en una situación muy difícil. Aquí hay que recordar que en Catalunya hay dos entidades municipalistas: la Federación de Municipios de Catalunya (FMC), fundamentalmente de las grandes ciudades gobernadas por fuerzas de izquierda, y la Associació Catalana de Municipis (ACM), que agrupa a las más pequeñas y numerosas gobernadas por Convergencia i Unió [CiU: coalición gobernante en la Generalitat]. Entonces se discutió si los grandes iban por su cuenta o hacíamos una alianza entre todos. Así se fraguó un pacto muy importante en 1996 en el que la Generalitat, la FMC y la ACM decidieron ponerse de acuerdo y crear sólo tres demarcaciones. Por primera vez -no hay ningún antecedente-se produjo un acuerdo entre los municipios de todas las tendencias políticas y la Generalitat para impulsar una misma decisión, siendo como era éste el caso donde era necesario el acuerdo. Porque a veces nos ponemos de acuerdo para cosas en que no hace falta. Pero en este caso, si no nos podíamos de acuerdo, no se podía hacer.


P. Este fue, entonces, un acuerdo para redibujar la política de demarcaciones territoriales.

R. No sólo. Los municipios se dieron cuenta de que, en definitiva, detrás del cable y las telecomunicaciones, iban a venir grupos muy poderosos, entre ellos Telefónica, y que la fuerza de los ayuntamientos era muy pequeña para negociar con ellos. Sólo Barcelona y otros pocos ayuntamientos podían ser interlocutores de estas corporaciones. En ese momento se decidió la segunda fase del acuerdo: mantener esa unión a través de una estructura administrativa estable. Así surgió la idea --casi diría la necesidad-- de constituir el consorcio de Localret en mayo de 1996.


P. ¿Cómo se armonizaron las posturas entre la FMC y la ACM en lo que ya apuntaba hacia un matrimonio más estable?

R. Fue un proceso complicado por que ambas se caracterizan por no ponerse de acuerdo nunca en cuál es la fórmula para votar: si se vota por municipios o por habitantes, porque cada una es más fuerte según el criterio que se escoja. En este caso, para redactar los estatutos del consorcio hubo que idear una forma de votar que los pusiera a todos de acuerdo. Y se consiguió. Fue la primera vez que la FMC y la ACM, de diferente signo político, deciden colaborar y convivir establemente en una misma organización. Localret supone, pues, un valor considerable por la fuerza de agrupar a casi todos los ayuntamientos y porque todas las fuerzas políticas presentes en los municipios de Catalunya están representadas en el consejo de administración.


P. ¿Cuántos municipios están integrados en Localret?

R. En estos momentos, Localret somos 650 municipios de los 945 de Catalunya. Quedan por adherirse 300 ayuntamientos pequeños. En total, representamos el 98% de toda la población de Catalunya. Localret ya es una experiencia singular en el seno del movimiento municipal catalán y una fuerza importante frente a los grandes operadores de telecomunicación. Y últimamente se ha revelado, además, como un buen interlocutor de otras administraciones a las que no les crea problemas políticos, ni a favor ni en contra.


P. Crear Localret supone un encadenamiento de decisiones administrativas que, me imagino, no son pan comido si estamos hablando de más de 600 ayuntamientos.

R. Efectivamente, tuvimos que atravesar tres votaciones, sobre lo cual tampoco hay precedentes. La primera fue la de crear un consorcio, que se tomó junto a la de unirse en las demarcaciones para el cable. La segunda, cada municipio tuvo que aprobar los mismos estatutos. Pero la integración de un municipio en un consorcio requiere una aprobación, que se llama inicial, en la que, tras aprobar los estatutos el pleno municipal, se deben publicar y cualquier vecino puede hacer alegaciones y, pasado este período, hay que aprobarlos definitivamente. Pues bien, todos los municipios de Localret han hecho la aprobación inicial, han expuesto los estatutos al público, no ha habido ni una sola alegación en toda Catalunya, y se han aprobado definitivamente por todos y cada uno de los municipios. Lo cual significa un plus de voluntad, porque no basta con adherirse, sino que después hay que llevar a cabo una serie de operaciones administrativas que suelen ser disuasorias. Y en este caso no lo han sido. La voluntad de formar parte de una estructura para facilitar el desarrollo de las telecomunicaciones y la Sociedad de la Información en el ámbito municipal está ratificada tres veces. O sea, que tiene su peso. No hay ningún precedente de un consorcio de esta magnitud, ni en Catalunya, ni en el resto de España, ni en lo que conocemos del extranjero.


P. La ironía es que cuando se constituyó Localret los problemas aparecieron en el sector de los operadores de cable.

R. Sí. Localret se constituyó el 19 de julio de 1997 en Barcelona y se presentó formalmente el 1 de enero de 1998. A los pocos días de constituirse, antes del verano del 97, el ministerio adjudicó a Cable i Televisió de Catalunya (CTC) la licencia para construir la red de cable. Pero aparecieron disensiones entre sus accionistas, ya que algunos de ellos se presentaron en otros concursos de cable en España por separado. Pagamos el precio de ser pioneros. Teníamos la expectativa de impulsar la red de cable y convertirnos rápidamente en usuarios. Pero el proceso fue más lento de lo esperado. Ahora se está construyendo la red en Barcelona, Sabadell, Terrassa, Hospitalet, Lleida, Badalona y poco a poco se irá extendiendo.


P. Otro problema añadido es que la red que se está instalando ahora ya no es la misma que se tenía en mente al crear Localret.

R. Siempre se planteó una red de banda ancha capaz de soportar los tres servicios: telefonía fija, televisión y transmisión de datos o de Internet a alta velocidad. Las vicisitudes de los accionistas de CTC ha marcado la evolución tecnológica de la empresa. Primero estaba US West que aportaba una determinada topología de red. Ahora predomina ItalTelecom, una telefónica clásica, que ha modificado algunos criterios técnicos. Estos procesos tecnológicos han coincidido con otras discusiones, como la de los estándares de los modem de cable, que no están fijados.


P. ¿En algún momento tuvo el temor de que, después de tanta dificultad y tanta negociación, todo quedara en agua de borrajas y no se tendiera una red que justificara un esfuerzo como el de Localret?

R. He vivido con ese temor durante bastantes meses. Cuando se hizo el concurso del cable, no existía Canal Satélite Digital ni Vía Digital. La televisión de pago era analógica. En ese contexto, construir redes de cable y explotar la televisión tenía buena pinta como negocio. Bueno, de repente aparecen estas dos plataformas y se comen la parte más dinámica de la televisión de pago. Era como para pensárselo. Por suerte, en ese mismo momento, empezó a coger cuerpo la fuerza del sector internauta, de gente decidida a buscarse su futuro a través de la Red, dispuesta a acoger cualquier mejora de ésta. Es aquello de que unos pocos están dispuestos a pagar un poco más por una cosa un poco peor. Pero no éramos tan pocos y la cosa no era un poco peor, sino al revés. El cable nos ofrecía una infraestructura de banda ancha que llegara a todos los ciudadanos.


P. ¿Dónde se ha producido el punto de inflexión?

R. En la reestructuración accionarial de CTC, pues ha cogido el control un accionista, Endesa, socio también de Retevisión. Esto ha mejorado las perspectivas, porque Retevisión puede emigrar a la red de cable y dejar de utilizar la de Telefónica. Además, vemos cómo se confirma la propuesta estratégica de Localret: si no estuviera el cable, la liberalización de las telecomunicaciones sólo llegaría al sector empresarial, pero difícilmente al residencial y al uso masivo de Internet. Nuestro objetivo de garantizar 2Mb a cada hogar no se podría conseguir de otra manera.


P. ¿Qué aporta Localret desde el punto de vista de desarrollo de la Sociedad de a Información?

R. Nosotros somos, ante todo, una asociación de municipios. Desde este punto de vista cumplimos tres funciones. La primera es poder relacionarnos todos los ayuntamientos como colectivo con el resto de administraciones: la Generalitat, el Estado, la Unión Europea, etc.. La segunda, Localret actua como sindicato, en el sentido más literal del término, frente a los operadores. Nosotros les decimos: ayudarnos y os ayudaremos, darnos buenos servicios y seremos buenos clientes, darnos servicios baratos y consumiremos más. Finalmente, Localret es un impulsor de los contenidos en la Red.


P. Explíqueme esto

R. Vamos a ver, las asociaciones de internautas, como en la que está usted, el Grup de Periodistes Digitals, reciben al sector consciente de los usuarios de Internet. Pero Localret es una asociación de los conscientes y los inconscientes. Hay ayuntamientos que llevan ya siete años haciendo una labor ímproba en la Red y hay centenares de ayuntamientos que nunca se han conectado a Internet. Es importante que no perdamos este contexto, porque sino o parece que no hagamos nada o que estemos como auténticas regaderas. Por eso nuestra política desde el punto de vista de los contenidos la hemos dividido en cinco apartados.


P. ¿Como documento o como políticas que se están poniendo en práctica?

R. Ambas cosas. Veamos. El primero lo denominamos "Internet en el ayuntamiento", o sea que todos los municipios vivan como algo normal estar en Internet, usen el correo electrónico y sepan buscar recursos en la red. Todos los municipios de Catalunya tienen cuentas de correo electrónico, otra cosa es si lo usan o no ahora. Segundo: "el Ayuntamiento en Internet", o sea que el ayuntamiento debe abrir esa ventana al ciudadano y ofrecerle la información que ahora sólo puede conseguir yendo a las dependencias municipales. Es decir, llegará un momento en que la simple voluntad del ayuntamiento de estar en Internet se le convertirá en una obligación y, a la vez, en un derecho del ciudadano. O sea, que hay que estar y regular esta obligación. Tercero: "la gestión pública en Internet". No sólo hay que estar, sino que hay que hacer transacciones administrativas. Para ello hay que resolver la cuestión de certificación electrónica, y estamos en ello. Cuarto: "garantizar el acceso público a la red"; el ayuntamiento sale de su edificio y comienza a mirar lo que hay fuera. En cada municipio de Catalunya habrá puntos para que cualquier ciudadano acceda a la Red sin necesidad de identificarse ni de darse de alta, como sucede en las cabinas telefónicas. Esto también llegará a ser un derecho del ciudadano. Entendemos que este paso es fundamental para garantizar el acceso a Internet a gente que no lo puede hacer por falta de medios. Quinto: "el municipio en la Red": el ayuntamiento se preocupa de saber cómo está el tono de su demarcación, promueve la presencia de los ciudadanos, las empresas, la actividad de las redes ciudadanas, etc.


P. Todos estos objetivos presuponen la existencia de una buena población de internautas. ¿Localret se plantea alguna política para universalizar el servicio?

R. No. Localret no actua hacia los ciudadanos, sino exclusivamente hacia los ayuntamientos. Podría suceder que haya municipios con una gran actividad en la Red y con poca respuesta de los ciudadanos. Es posible. Habrá que incrementar la promoción y la generación de una atmósfera conducente a aprovechar estos recursos. Ya lo estamos haciendo. Pero Localret va hasta donde va el ayuntamiento y no más allá. De todas maneras, hay otras políticas que nos ayudan, como el programa educativo de la Generalitat. Educalia debiera empezar a generar contenidos educativos dentro de poco. Y cuando se vea que los chavales no están dispuestos a prescindir de la Red, esto favorecerá la acción municipal. La discriminación positiva de algunos procesos puede ser determinante. Desde el momento en que te puedas bajar información de pago desde la Red con un descuento o gratis favorecerá esa atmósfera para aprovechar estos recursos. Nosotros lo que queremos es que cuando llegue ese momento los ayuntamientos no estén con el paso cambiado. Lo que produce heridas no son los cambios, sino la resistencia a los cambios.


P. ¿La Sociedad de la Información es tan especial que incluso consigue acuerdos como el celebrado entre la Generalitat y Localret?

R. El pacto con el Comisionado de la Spciedad de la Información de la Generalitat es extraordinariamente importante para los ayuntamientos, primero, y para la sociedad catalana, después. La Generalitat siempre se ha caracterizado por considerar que ella es la responsable de determinadas medidas políticas en el país. Cuando afectan a colectivos concretos, los convoca y discute con ellos. Cuando quiere hacer algo en los ayuntamientos, los llama. Pero si quiere hacer una política industrial o agrícola, no contaba con nosotros. Teníamos la sensación de que los ayuntamientos éramos un sector social más, cuando en el fondo sabemos que no es así. La gran diferencia de este convenio es que la Generalitat nos llama para participar en el desarrollo de la Sociedad de la Información en el ámbito de la administración local y Localret le dijo que sí, y le decimos que también queremos participar en el de industria, de enseñanza, de sanidad y en el de sociedad y cambio cultural. Y además queremos dirigir con ellos este Plan. Por eso el Plan Estratégico para la Sociedad de la Información está dirigido por el Presidente de Localret y por el Comisionado para la Sociedad de la Información. Es la primera vez que hay una participación transversal de la administración local en un proceso general, no se nos ve sólo como un interlocutor sectorial. Eso es muy importante porque el mundo local tiene presencia absoluta en muchos sectores. Por ejemplo, en sanidad, el Consorcio Hospitalario de Catalunya gestiona casi 20 grandes hospitales. En la enseñanza, los ayuntamientos mantienen todos los colegios públicos de Catalunya, dan de comer a todos los estudiantes, paga a todo el personal no docente, paga todas las facturas de teléfono de todos los colegios y toda la energía. Menos aprobar los programas de estudio y pagar a los maestros, lo hacemos todo. En el ámbito de la industria, todas las condiciones de implantación de las industrias se fijan en los planes urbanísticos municipales y los ayuntamientos deciden dónde van las industrias y cómo tienen que ser las naves industriales. Era una locura plantear una intervención parcial en un tema de la envergadura como la Sociedad de la Información. Entonces, a la pregunta de si es tan especial lo de la Sociedad de la Información como para lograr incluso estos acuerdos que no se consiguen en ningún otro campo, la respuesta es sí. Y por eso tenemos que ir juntos hasta el final.


P. ¿Durará este acuerdo lo que duren las campañas electorales?

R. No lo creo, porque hay otra cuestión fundamental en el Plan Estratégico. Localret planteó que el convenio para la elaboración del Plan se firmara en el Parlament de Catalunya y las conclusiones se presentaran allí. Es la única institución que garantiza una continuidad de los procesos con independencia del color político de quien esté en el gobierno en cada momento. Creemos que ese es un valor absoluto. Una de las comisiones relacionadas con el Plan Estratégico es la que estudia la tarjeta ciudadana, cuyo alcance se explicará a los grupos parlamentarios. Nosotros sostenemos que en torno a estas cuestiones se ha generado una cultura en la cual hay que explicar por qué no estamos de acuerdo, en lugar de lo contrario. Se ha invertido la carga de la prueba, que decimos los abogados. Quien tiene que dar explicaciones es el que no está de acuerdo.


P. ¿Hay experiencias similares a Localret en otras partes o es un caso específico de la cultura de Catalunya?

R. Hombre, desde el punto de vista masivo que tiene no sólo es muy específico de Catalunya, sino además muy coyuntural. No sé si se podría reproducir en otras partes. Es el fruto de aquel momento en que los ayuntamientos tuvieron que decir que sí al cable y hacerlo todos unidos. La voluntad de Localret es que nos mantengamos así. Yo lo que conozco son uniones, consorcios, en los que predomina, mucho más que en Localret, la afinidad. Es el caso de Telecities, en la que hay 30 o 40 ciudades europeas para intercambiar experiencias, que es muy importante. Y hay casos similares en Francia e Italia. Pero Localret es diferente. No somos un grupo de gente que nos reunimos por alguna afinidad. Es que somos todos, con diferente grado de conciencia o de problema. O sea, no conozco un caso como Localret.


P. Desde que se fundó Localret las cosas han cambiado bastante. Hace dos años, estaba la preocupación de la banda ancha. Ahora ha surgido una ideología de la Sociedad de la Información. O estás ahí para hacer algo para el futuro. O no estás, y te estás perdiendo algo fundamental. Ahora pareciera que se exige la afinidad. ¿Qué respuesta suscita esto?

R. El elemento de infraestructura está en el origen de Localret, eso es indudable. Lo que pasa es que la existencia en el seno de Localret de diferentes niveles de desarrollo de proyectos plantea enseguida una serie de problemas horizontales, por ejemplo, el tema de la dualidad. Todos los alcaldes saben que en sus municipios esto va a generar sectores que tienen acceso a la información y otros no. Esto preocupa a los sociólogos y detrás de ellos vienen los alcaldes. Las diferencias clásicas se van a reproducir de manera más taimada. El acceso de todos los ciudadanos a la vivienda, la educación o la sanidad se produce de manera ostensible: la tienes o no. Pero en el ámbito de la SI es mucho más sutil. No te das mucha cuenta y se produce por razones casi ideológicas en relación con la tecnología, ya sea de atracción o rechazo. La preocupación de Localret por estar en el ámbito de la Sociedad de la Información no es un proceso artificial o de contagio (aunque tiene algo de esto), sino que se detectan en seguida cuestiones más profundas. Hay alcaldes que ya sea por razones de edad o por lo que sea, no se sienten muy cercanos a estos problemas, pero se han preocupado de cubrir este flanco con concejales más jóvenes y preparados. O sea, que prácticamente en todos los ayuntamientos te encuentras un interlocutor que se convierte en un agitador.


P. ¿Juega algún papel las posturas ideológicas, sean de derechas o de izquierda?

R. No me atrevería yo a hacer una calificación política. Los ayuntamientos se dan cuentan simultáneamente de dos fenómenos. Telefónica ya no es un monopolio e Internet es muy importante, lo cual va muy ligado una cosa con la otra . Y entonces surgen cuatro niveles de preocupación. El primero, en municipios de 10.000 a 30.000 habitantes, es cuanta gente va a venir a abrir zanjas. Cómo recibir las infraestructuras y encajarlas en la ciudad. Muchos municipios ya habían enterrado tubos en previsión de que llegaran los operadores para no tener que abrir zanjas otra vez. Segundo, cómo los ayuntamientos tratan su información y cómo la suministran preocupa mucho y se dan cuenta que para hacerlo bien deben mejorar su propia organización interna. Tercero, cómo mejorar la posición cualitativa del municipio en su entorno económico en base a todo esto. Cómo conseguir que el sector productivo de su ciudad encaje en este tema, como dinamizarlo: montar viveros virtuales, páginas amarillas locales, en fin saber qué se fabrica allí, cómo se vive en el municipio mediante sistemas de información digitales. Ya hay ayuntamientos que han volcado en la Red todo el padrón de impuestos de actividades económicas. Y la cuarta son las redes ciudadanas, qué pasa con la realidad asociativa del municipio, cómo reflejarla en la red.


P. O sea, que la izquierda le tenía miedo al ciberespacio y ahora se ha producido un viraje.

R. Yo diría que ahora hay personas resignadas. No me encuentro a nadie que no entienda que quien se quede atrás en este proceso no levantará cabeza. Hay una cosa que ayuda muchísimo: resulta relativamente fácil explicar el carácter deslocalizador que tiene la Red. Puedes ser un municipio muy pequeño y muy importante en la Red. Eso no te puede pasar nunca en el mundo real. Cuando ven casos como el de Benasque, todavía es más claro. Así como respecto a la infraestructuras todo el mundo entiende que la red empieza por Barcelona y las 10 ciudades más importantes y que después se distribuye por el resto del territorio, en un proceso de capilarización, nadie en el ámbito de la Sociedad de la Información tienen esta idea tan jerarquizada. Nadie espera que suceda algo en Barcelona para que surjan y se desarrollen iniciativas en Navarcles o en otros pueblos. También cala la idea de que la Red es sobre todo colaborativa y no competitiva. Los ayuntamientos tienen una larga tradición de competitividad. Pero si ahora no están todos juntos en la Red, el esfuerzo de cada uno sólo sirve para exhibirse, pero no para mucho más. Estas son tesis que calan.


P. ¿Qué hace un abogado como usted en este mundo de las redes?

R. Soy secretario de ayuntamiento desde 1981 en Valldoreix, una pedanía de Sant Cugat que en realidad no era un ayuntamiento. Mal empezamos ¿no? Cuando tengo que explicar lo que estoy haciendo y digo de donde vengo parece que se entiende todo: "Bueno, si ya empezó mal, no es raro que ande en estas cosas". Bien, después estuve de secretario técnico de IMPUSA, la empresa responsable de todas las infraestructuras de Barcelona para los Juegos Olímpicos. Desde 1993 al 98 fui secretario técnico de Barcelona Regional, participada por el ayuntamiento, donde se llevaban los temas de infraestructuras importantes de la ciudad. Allí redactamos el Plan Especial para la Implantación de Redes de Telecomunicación en Barcelona, que consistía en inventariar todas las infraestructuras existentes en el subsuelo de Barcelona y regular su utilización por las empresas de telecomunicaciones. Todos los operadores están usando este plan. Cuando se impulsó el pliego de condiciones para el cable, participé y después me tocó redactar los estatutos de Localret. Y ahí sigo.


P. ¿Cómo se ve el Plan Estratégico desde Localret?

R. Estamos preocupados por dos cosas. Primero, consideramos a este Plan como un plan de acción en el hay que identificar las acciones clave en cada uno de los ámbitos y comprometer a las instituciones a llevarlas adelante con presupuesto. Hay que convertir las propuestas en compromisos y estos sólo lo son si son presupuestarios. El valor añadido no es decir dónde hay que ir sino confirmar que se ponen los medios. El otro elemento clave es que haya mecanismos de seguimiento. Todo cambia a una velocidad impresionante. Los pactos se mantienen mientras las condiciones se mantengan, decimos los abogados. Pero aquí las cosas cambian que es un contento. Por eso hay que hacer seguimiento. Si además acertamos con la tarjeta ciudadana, las Intranet administrativas, el programa de educación, la capilaridad de la red, si todo esto sale, puede estar bien. Cada agente tiene que encontrar su puesto en este plan.


P. ¿Qué más aporta Localret?

R. Localret, por el hecho de existir, es un buen observatorio. De la tecnología, porque no se puede pretender que un Ayuntamiento sepa si le conviene cable, satélite, RDSI, ADSL o LSD, que a lo mejor es lo que más le convendría a alguno según el momento. Pero es un proceso tan abierto, que ellos confían en que Localret les aconsejará en el momento adecuado. Localret también facilita la transversalidad entre los ayuntamientos. Lo habitual antes era que cinco ayuntamientos estuvieran haciendo lo mismo sin llamarse. Esto, de alguna manera, desde Localret se puede evitar. Y la otra cosa que hacemos es que los ayuntamiento tomen conciencia de lo que está sucediendo o puede suceder. Yo cuando hablo de Internet con los alcaldes les digo: Mira, esto es como si vas por la calle y ves que hay un piano colgando de una cuerda y te preguntas si caerá o no caerá. Tranquilo, caerá. La segunda cuestión es si cae, donde te pones. Pues con Internet, lo mismo: caerá. Por tanto, ponte en el mejor lugar para aprovecharla.

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