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Entrevista a Ramón Fons. Alcalde de Callús

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
23/12/1997
Fuente de la información: Revista en.red.ando
Lugar: Callús. Cataluña
Organizador:  Revista en.red.ando
Entrevista número 4


"La telemática puede enriquecer al pueblo"


Separación

Ramón Fons estudió Filosofía en la Universitat Autonoma de Barcelona. Después se dedicó a diversas tareas. Trabajó durante siete años en la industria textil como hilador. Y desde hace 13 años se dedica a la enseñanza. Actualmente es profesor de Lengua y Literatura Catalana en el Instituto Mig-món de Súria. En 1995 se presentó como cabeza de lista de la candidatura Movimiento Alternativo de Callús (MAC) a la alcaldía de este pueblo. Desde entonces es el alcalde de Callús y el promotor imparable del giro de actividad industrial de la zona
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Separación


P. Me tendrá que explicar que hacemos aquí en Callús, en medio del campo y hablando de temas como la revolución telemática o la era de la información.
R.
Callús es un pueblo que sale de la nada, es decir, es un pueblo construido a partir de la empresa textil, que con la crisis de los años setenta empieza a desaparecer. A principio de los noventa, de las 5 empresas que había sólo nos queda una (desde el 69 hasta ahora hemos perdido 500 habitantes de los 1900 que teníamos). Esto quiere decir que al ser una industria de tipo monoproductora, nos planteamos- cuando nosotros entramos a gobernar- que podíamos hacer para variar este estado de cosas.

P. ¿Qué hicieron?
R.
Escogimos la opción de la telemática para conceder al pueblo, en primer lugar, un punto de referencia que, después de la crisis textil, se había quedado sin él; en segundo lugar, la telemática más que un objetivo, es un instrumento pedagógico importante; y, en tercer lugar, la posibilidad de tener a medio y largo plazo, un canal para acceder a diferentes temas a nivel industrial. Sabemos que tenemos que ir hacia la pequeña y mediana industria, porque la misma orografía del terreno nos lo pide: el valle no tiene extensas llanuras para instalar tampoco grandes industrias. La telemática, pues, la vimos como una posibilidad de enriquecer no sólo a Callús, sino toda la cuenca del Cardener, que está un poco machacada.

P. No debió ser fácil levantar un proyecto de estas características en un medio semi-rural, semi-industrial.
R.
Tuvimos la suerte de encontrar un entorno, aquí en la Escuela Joventut, donde había un cierto movimiento telemático y entonces hicimos una simbiosis entre escuela y ayuntamiento. Primero centrados en el tema de tipo educativo y, más tarde, nos planteamos coger otros ámbitos sociales y económicos que nos permitieran acceder a una gama más amplia de trabajos con la red. Y es cuando empezamos a pensar en integrar a los adultos, los abuelos... todo tipo de gente.

P. ¿Cuándo ocurrió esto?
R.
Cuando preparamos la campaña electoral, es decir, hace tres años. Veníamos de una etapa en la que había habido una bajada importante de moral y era necesario plantear salidas innovadoras. También contribuimos a realizar cosas que creíamos fundamentales para ir robusteciendo una cierta identidad local: se ha editado un libro monográfico sobre Callús, se intenta planificar la ordenación urbanística, se aumentan los servicios... etc.

P. Ahora bien ¿Por qué surgen estos planteamientos precisamente en Callús?
R.
Callús nunca ha tenido demasiada conciencia colectiva de pueblo. Sociológicamente era un pueblo construido sobre unas bases humanas inestables por donde habían pasado muchos trabajadores del textil, que cuando encontraban otra situación de mejora económica, se iban a otro lugar. Es decir, la mayor parte de la población era gente de poco poder adquisitivo y, por tanto, se sentía más ligada e identificada con la fábrica donde trabajaba que con el pueblo. Había una inmigración constante. Callús era una zona de paso. Y, después se convirtió en un pueblo dormitorio. Al faltar industria, los que se quedaron fue porque ya se habían estabilizado en el pueblo. Actualmente contamos con un 50% de la población, aproximadamente, jubilada o mayor 50 años. Hay, además, otros aspectos: por ejemplo, el hecho de que no se siguiera una política de vivienda en el momento del 'boom' de la construcción influyó para que la gente joven se marchara. Los que estaban preparados intelectualmente se veían obligados también a irse porque no tenían lugares donde ejercer sus capacidades.

P. Por lo que me explica, Callús, entonces, se quedó sin identidad propia.
R.
Efectivamente. Por eso nos planteamos realizar un esfuerzo para conservar a la juventud, lo cuál también nos condujo hacia la telemática. Era una buena salida porque a la gente le era más fácil quedarse a trabajar aquí. Una pérdida de población comportaría, a la larga, una pérdida de servicios que no podrían mantenerse. Es un pez que se muerde la cola: si no hay industrias, no hay gente, y si no hay gente, no se pueden mantener los servicios. De aquí la importancia de afrontar los problemas de manera global. Este año hemos perdido tres aulas con la nueva organización de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), que se han ido a Súria, donde también está centralizado el servicio médico. En fin, pierdes puestos de trabajo, la gente tiene que buscarse la vida en otras partes y sólo se queda quienes han tenido la suerte de trabajar en las cercanías.

P. Vayamos por partes. ¿Cómo entienden ustedes la industria de la información?
R.
La telemática no es un objetivo, sino un medio que facilita, o que pensamos que puede facilitar, unos ciertos objetivos. Aunque pueda parecer paradójico (por lo pequeño que es el pueblo), uno de los retos fundamentales es fomentar la comunicación entre los propios habitantes de Callús. Desde que hay medios de comunicación y locomoción que permiten desplazarse con rapidez, la gente habla poco entre ella, menos que hace unos cuantos años atrás. Por ejemplo: los jóvenes, con la reestructuración escolar actual, se van con amigos de afuera; tienen moto o coche para acceder a núcleos de diversión y de encuentro que se han reducido o desaparecido de aquí. La experiencia del Aula Abierta, por ejemplo, fue pensada en un primer momento exclusivamente como punto de encuentro entre los jóvenes donde se pudieran reunir, conectar entre ellos y con el exterior. Ahora se van con grupos de Súria (que es el centro de educación) o de Manresa (centro de diversión). El tejido sociológico juvenil que había tiempo atrás, al perder los puntos de referencia y al no tener la necesidad de quedarse aquí, empieza a distribuirse en espacios y entornos bien diferentes: estudian afuera, van a trabajar afuera y, finalmente, se casan afuera.

P. ¿Y usted cree que la telemática ofrece una salida viable a estos pueblos que pierden integración social debido al fin de su sostén industrial?
R.
Yo veo que es una buena solución. Si no es la solución definitiva, al menos es un camino de mejora. A ver, en el ámbito del teletrabajo es indiscutible que puede funcionar; evidentemente que tiene que haber un porcentaje imprescindible de trabajo presencial. Pero el hecho de poder estar en casa y trabajar desde allí es una cosa importante. Me parece que, a la larga, el trabajo del futuro, nos guste o no, pasará por aquí. Lo que también ocurre es que hay muchas cosas que se tiene que ver cómo acaban. Por ejemplo, la cuestión del paro porque con las nuevas aplicaciones tecnológicas infunde un cierto respeto. Pero aquí, en Callús, como en muchos otros pueblos pequeños, no perdemos gran cosa porque por no tener, no tenemos ni paro.

P. O sea, seríais uno de los casos típicos en que cualquier aplicación tecnológica sensata crearía puestos de trabajo.
R.
Sí, ésta es nuestra ventaja. Por otro lado, una de las cosas que más nos apasiona es el proyecto de introducir gente mayor al mundo de la telemática. Queremos que los jubilados, la gente de la petanca, el colectivo de mujeres de Callús... organicen un pequeño grupo, mientras más numeroso mejor, de personas interesadas en el trabajo con las redes. Queremos que accedan a otras culturas y maneras de entender el mundo, a través de los hermanamientos. Pero, gracias a la telemática, no se tiene que tratar de los hermanamientos típicos, esos en los que el alcalde viene a hacerse la foto en otro pueblo y que, al cabo de un tiempo, va el otro alcalde devuelve la visita con el mismo objetivo. Nos gustaría conseguir un hermanamiento más real. Hemos establecido contacto con gente de Balcarce, en Argentina, y estamos mirando la manera de hacer intercambio de tipo sociológico y, especialmente, con gente de la Tercera Edad.

P. ¿Y por qué Balcarce?
R.
Gracias a los encuentros internacionales del I*EARN hemos establecido relaciones con su alcaldía y estamos muy ilusionados en tirar adelante esta experiencia, porque también nos hace falta encontrar las distancias y los puntos de coincidencia oportunos con el mundo exterior. Un pueblo pequeño, ahora y antes, siempre corre el riesgo de cerrarse en él mismo. Si el Ayuntamiento tiene que dar servicios, es bueno que contribuya a hacer más fácil este acercamiento al exterior, y más ahora que la tecnología nos lo permite. De hecho, la telemática lo que aporta es el lugar de encuentro común, con la gente de dentro y de fuera del pueblo, más allá de los términos municipales o de cualquier frontera.

P. ¿Cuál es el proyecto que lleva el hilo conductor de este planteamiento?
R.
Tenemos un proyecto, la Fundación Comcallús (Comunicaciones Callús), que, en un primer momento, quería ser un centro telemático permanente donde hubiera formación especializada y que fuera un lugar de referencia para las pequeñas comunidades. Esta funcionado por los fondos europeos FEDER. Pero las cosas han cambiado mucho desde que lo iniciamos hace un año y medio. Ahora seguimos teniendo los mismos objetivos, aunque hemos cambiado los puntos de vista. Algo tan elemental como pensar que las redes son un medio y no una finalidad nos ha cambiado el planteamiento. Es como si tuvieras un teléfono en casa que se puede coger y usar, pero si lo que comunicamos no tiene ningún sentido, te puedes pasar haciendo el loro todo el día sin cumplir ninguna función. Muchas actividades en las redes, empezando por los "chats", tienen este tipo de riesgos. A veces sólo parecen modas. Nosotros queremos una Fundación donde el objetivo sea la aplicación funcional de la tecnología. Este es el campo donde pensamos que tenemos que aportar nuestro grano de arena y, de paso, de rebote, dinamizar la zona del Cardener. Es, para nosotros, un proyecto de futuro porque comporta dinamizar económicamente nuestra región.

P. La Fundación aparece como la locomotora de todo el proyecto.
R.
Sí, es el eje vertebrador del proyecto global. Esto produce a veces sinergias inesperadas y el proyecto inicial cambia, se va agrandando. Pero lo que resulta difícil es hacer el trabajo bien hecho, el día a día. Cuando funcione la Fundación a pleno rendimiento, llegará el momento en el que podrán establecerse de tres a 10 empresas que no sean monotemáticas y que permitan construir un nuevo engranaje basado en el mundo tecnológico, en el pueblo y en toda la región. Los hitos fundamentales que deben fomentarse son la participación ciudadana y la formación educativa.

P. ¿La Fundación ya está constituída?
R.
No del todo. Empezará a funcionar durante 1998.

P. ¿Y cuál es el ofrecimiento que hacen para que las empresas vengan a instalarse a aquí, dónde está el atractivo?
R.
Facilitaremos infraestructura y equipo humano. De hecho, tenemos espacios y las posibilidades de ofrecer el material adecuado para el funcionamiento tecnológico compartido y optimizado entre estas empresas. Lo que nos falta es encontrar aplicaciones que puedan aprovechar los servicios que ofrecemos. Pero, sobre todo, necesitamos espíritu de trabajo, un nivel de equipo humano que dé la talla como la ha dado con la vertiente de la participación ciudadana y de formación. Aquí es donde está la clave. El atractivo y el reto es saber encontrar la manera de articular el potencial humano con el que contamos antes que esperar que baje del cielo la gran empresa milagro que nos solucione todos nuestros males. A nosotros nos gustaría hacer la función de catalizadores de los profesionales que nos rodean, o provocar, como ya hemos intentado en otros ámbitos, el retorno de la gente de valía profesional que, por las razones que sean, han abandonado la zona. Y ésto nos lo facilita el mundo virtual. Se trata de hacer un cóctel potente entre la gente que ya tiene cierta experiencia con otras personas que empiecen a trabajar en el campo de las tecnologías de la información.

P. ¿Conoce el ejemplo de la aldea de Gordexola, del País Vasco? Allí, primero pusieron un centro de formación con muchos ordenadores y, después, estimularon el desarrollo de empresas para que la gente no se fuera.
R
. Sí, nuestro discurso es parecido. Lo complicado no es dar la sensación de que te crees lo que haces, sino que la otra gente confíe en que el proyecto puede funcionar. Un proyecto colectivo es imposible que vaya bien si la gente que tiene que participar en él no se lo hace suyo. Son muchos años de decir que aquí no servimos para hacer nada,... hasta hay un cierto discurso político que propugna este victimismo: "los pueblos pequeños, ya se sabe, no pueden aspirar a gran cosa". Al principio, algunos de estos sectores pensaron que estábamos locos.

P. Antes usted comentaba que resultó fundamental lo que había en la escuela. ¿A qué se refería?
R.
En la escuela había un señor que se llama Ramón Barlam, que lo debes conocer, que es una persona con muchas ganas de trabajar en estos términos y nos las contagió. Empezamos a hacer algunas experiencias con Narcís Vives y educadores del I*EARN, así como con otra gente con la cual compartimos proyectos internacionales y maneras de trabajarlos. Todos ellos nos enriquecieron humanamente y nos mostraron cómo era de interesante la intercomunicación con comunidades y culturas diversas. La misma Asociación de Madres y Padres de la Escuela Joventut también colaboró con nosotros y montamos cursos conjuntamente con ellos. En la escuela encontramos, además, un equipo de educadores que colaboró enseguida y que nos aportó no sólo los conocimientos técnicos, sino también la ilusión que hace falta para llevar un proyecto como el nuestro adelante.

P. ¿Puede explicarme qué es el Aula Abierta?
R.
El Aula Abierta es un dinamizador cultural para la gente del pueblo. Nos gustaría que funcionara como un despertador de comunicación. Es decir, todos tienen la posibilidad de usar estos medios para entrar en contacto con quien quieran y donde quieran, más allá de cualquier factor externo (social, económico, etc.) que les pueda limitar. Aparte de los responsables técnicos que están a disposición de los que acuden al Aula, hay un espíritu cooperativo considerable. La gente va a hacer chats, un vecino pregunta cómo se busca una Web y otro se lo explica. Hay un proceso de trabajo que facilita que cualquier persona, de cualquier sector, pueda acceder a los instrumentos de divulgación y comunicación telemática. Además están los diferentes cursos de formación que se han dado, los congresos, los talleres, las videoconferencias, etc. En el último congreso internacional colaboraron más de 100 voluntarios, buena parte de los cuales eran de Callús. Hay un sector que está dispuesto a participar de una manera desinteresada y que se identifica con el proyecto. Y, esto, en un tiempo como el actual, en que la gente no se mueve por cualquier cosa, es muy importante. Por otro lado, en los dos cursos que se han organizado para adultos, muchos de los alumnos que asistieron eran de las cercanías.

P. ¿El Aula cómo es físicamente?
R.
Es un aula con una veintena de ordenadores conectados en red donde cada persona puede navegar por donde quiera. El sábado por la mañana está abierto y la gente tiene acceso gratuito. De hecho, nos hemos planteado abrirla más días porque hay sábados en que se nos hace pequeña. Pensamos que, al margen del servicio telemático (correo-e, chats, consulta de información a través de webs, educación a distancia, videoconferencias, etc...) hay otros servicios como los de ofimática (editar trabajos, escanear, etc...) que son muy populares. Hay que añadir que se está consiguiendo un éxito notable. Todo esto también es fruto de otras actividades que se han organizado, como son las Telecolonias. Los primeros meses fueron un poco frustrantes porque observabas que no había mucho movimiento. Entonces, organizamos las colonias urbanas y las Telecolonias que nos permitieron que muchos niños del pueblo (en concreto 35 de los 120 que van a la escuela) accediesen a todo este servicio de Internet y aprendieran su funcionamiento.

P. ¿Fueron unas colonias de verano?
R.
Sí, montamos unas cuantas camas arriba en la escuela y la habilitamos en verano como si fuera una casa de colonias. Los mayores hicieron las Telecolonias y los más pequeños las colonias urbanas. A parte de centrar las actividades en el descubrimiento del medio ambiente y en la parte lúdica de todas las colonias, una de las actividades que había era la telemática. Y bien, ésto creó un revuelo considerable entre los chavales y fomentó un ambiente propicio para que la cosa fuera adelante con aires renovados. A partir de aquí, empezó a aumentar el número de usuarios del Aula Abierta. Nos gustaría que lo aprovechara más gente, y pensamos llevar a término más actividades para ir agrandando su influencia. De aquí viene, por ejemplo, que tengamos ganas de llevar a cabo nuevos proyectos con gente mayor y realizar experiencias nuevas.

P. ¿Cómo se demuestra que este trabajo con las tecnologías de la información está cuajando en el pueblo?
R.
Sobretodo se nota en la sensibilidad de la gente. Cuando haces las cosas mal, te lo dicen, y cuando las haces bien, no te lo dicen pero detectas un cierto respecto, un cambio de ideas y de postura. Pero también hay una constatación física que se ve cada sábado en el Aula Abierta. Vienen más de 40 personas y el otro día se inauguró una televisión por Internet. En verdad, esto es lo que importa, que buena parte de todo esto se está haciendo a través de voluntarios del pueblo. Es verdad que un grupo de 10 personas, en un pueblo que son 1300 habitantes, es un porcentaje considerable. Se respira un ambiente distinto. Así como al principio era de crítica, o era de indiferencia, ahora ven que estamos saliendo a los periódicos, que hablan del pueblo en la televisión. De todas maneras, esto no son más que anécdotas. Lo más importante es que haya una voluntad política para crear la Fundación y darle continuidad al proyecto.

P. ¿Qué ha pasado políticamente en el Ayuntamiento?
R.
Políticamente ha habido un cambio. Nosotros somos una candidatura independiente donde hay gente de muchas tendencias, una candidatura con el ánimo de dar un cierta cambio al funcionamiento habitual basándonos en el trabajo unitario con todas las fuerzas políticas y crear un nuevo marco de gestión con la voluntad de servicio al pueblo. Esto sólo lo hemos conseguido en parte, porque de los tres partidos que somos en el Ayuntamiento sólo dos han aceptado estos postulados.

P. ¿Estos dos forman parte de la candidatura independiente?
R.
No, al margen de nosotros que somos el MAC (Movimiento Alternativo de Callús), está Convergencia i Unió (actual partido gobernante en Catalunya) y los socialistas. La intención primera, la que propugnábamos en nuestro programa, era juntarnos todos los partidos, ganara quien ganara. A algunos de nosotros nos vinieron a buscar ex-alumnos que pensaban que Callús había entrado en un cierto proceso de inercia y nos pidieron si les podíamos ayudar para cambiar esta situación. Los que nos sumamos al proyecto respondimos ilusionados y el equipo que presentamos fue el producto de un proceso democrático interno. Por ello optamos por hacer una campaña basada en ideas y proyectos de futuro, y no ir en contra de nadie. Pero nos encontramos que algunos miembros de CiU se pronunciaban agresivamente sobre nosotros con una campaña más propia de grandes ciudades que de un pueblo pequeño. Aquí lo que conviene es hacer gestión y dar servicios, aparte del color político de las ideas. Y esto lo avala la propia reacción de la gente: quienes hasta entonces habían votado a CiU o a los socialistas nos votaron a nosotros. Finalmente, consideramos más positivo más positivo unirnos con los socialistas. Desde entonces se ha intentado dinamizar, como es lógico, no sólo el sector telemático, sino también el urbanístico. Para darte una idea, en el pueblo no tenemos ningún espacio que podamos considerarlo como una plaza pública. Tampoco teníamos monumentos singulares. El Casal --donde se acaban de celebrar las jornadas sobre las redes ciudadanas de Catalunya-- es un ex-sindicato agrícola reconvertido. También hemos intentado hacer un cambio cultural. Las fiestas de otoño habían cesado hace tres años y las hemos recuperado. El año pasado hicimos un esfuerzo para que la fiesta sirviera para reunir la gente que había vivido en el pueblo. Sólo lo logramos a medias. Esto nos ha hecho comprender que no existe el sentimiento de sentirse 'callusenc'. No se trata de crear una falsa adherencia a cuatro tradiciones, sino un mínimo de autoconvencimiento de que, como persona, tienes un sentido en un espacio concreto que, por muy modesto que sea, es tan válido como otro. Trabajamos en esta dirección, convencidos de que el esfuerzo común tiene que llevar a estos resultados globales.

P. ¿Cuál es la relación que se mantiene con otras fuerzas institucionales fuera de Callús? Me refiero al Gobierno de Cataluña, Diputación de Barcelona u otras.
R.
A nivel institucional, tuvimos la suerte de encontrarnos con la gente del área de Educación de la Diputación de Barcelona. Fueron los únicos que nos hicieron caso, cuando muchos todavía no lo veían muy claro. Si ahora ya se ve como una cosa innovadora, imagínate hace dos años. También tuvimos apoyo de la Fundación Caixa Manresa y del equipo humano del I*EARN con el que hubo un entendimiento excelente. Con la Generalitat también conectamos muy pronto, y obtuvimos ayudas de Gobernación y del Departamento de Educación.

P. ¿Y usted tienes alguna idea de cuál es el grado de penetración de las tecnologías de la información en el pueblo?
R.
El número de personas que utiliza el ordenador en su casa es muy bajo. Aunque no más bajo que en otros pueblos. Nosotros tampoco sintonizamos mucho con según qué proyectos de telecomunicación, que se enfocan desde un punto de vista de cuantificación de ordenadores o del número de conexiones, sin prestar la debida atención a la calidad de los contenidos. Nosotros creemos que las máquinas son útiles en la medida que sirven para comunicarse. Lo que es más importante es la capacidad de hablar entre las personas. Y esto suele producirse a partir de un proceso didáctico y de un enfoque pedagógico importante, y no a partir de un sistema demasiado triturado, que es la sensación que me dan algunas experiencias educativas y sociales. Has de ser consciente que tienes cosas por aprender de los otros y cosas por decir, y después, ver que tienes un medio que te puede servir para ello. Sin embargo, hay lugares, puede que tú lo conozcas mejor que yo, que se hace un planteamiento a la inversa. Hay experiencias que puede ser que salgan bien pero que tienen un enfoque demasiado comercial. Los medios técnicos sobrepasan los fines sociales. No sé hasta qué punto puede salir bien un experimento de este estilo porque las cosas, a la hora de la verdad, muchas veces se valoran más por el esfuerzo que representan y por lo que cuestan, y no por las facilidades que se dan para llevarlas a cabo. El hecho de poner uno o más ordenadores casa por casa no tiene que significar necesariamente que se usen. Los experimentos primero suelen hacerse en laboratorios pequeños. Pero... en fin, en este mundo tan cambiante nunca se sabe cuál es el camino correcto que se tiene que seguir y cuantas más experiencias se hagan, más elementos de juicio tendremos.

P. ¿Hasta qué punto Manresa y otras zonas cercanas tienen las mismas preocupaciones?
R.
Nosotros nos hemos orientado hacia el área educativa porque tenemos esta concepción pedagógica de las telecomunicaciones. Y ya hay un cierto interés institucional en la cuenca del Cardener, hasta tal punto que al hacer el Cardener'97 - el proyecto colectivo donde hemos metido muchas de las experiencias llevadas a cabo este año- nos hemos puesto de acuerdo los ayuntamientos que van desde Manresa hasta Cardona. Creo que, cada vez más, se dan cuenta que estos instrumentos (a parte de ser desgraciadamente una moda) tienen su utilidad, sus ventajas y se crea la consciencia que es imprescindible pasar por este camino.

P. ¿Y qué representó para Callús ser el impulsor de estas iniciativas?
R.
A mí me parece que es muy importante la ilusión que ha suscitado. Hacía años que no veía a 100 personas de Callús reunidas aquí, trabajando de aquella manera, corriendo..., sin ponernos demasiado nerviosos porque había confianza en el colectivo. Hay un espíritu de trabajo y de compartir, un espíritu colectivo que hacía tiempo que no se veía. Quizás te hablo con una visión muy poco objetiva e ilusionada. Pero para encontrar experiencias, aquí en Callús, donde se necesite una organización de más de 100 personas, me parece que tengo que regresar, como mínimo, más de 20 años. Una de las fotos que más me gustó de este encuentro internacional, es una imagen de un rumano y una rumana dentro de una cabina telefónica mientras pasaba el "correfoc". Fue todo un impacto social: ves a la gente asiática jugando al fútbol con los niños de aquí, y suramericanos hablando con la gente de la calle, y los que dicen "que ésto es como ir a casa de la abuela". Tiene que haber una interrelación muy bonita a escala humana. Todo esto me parece que fue un golpe de gracia porque los "callussencs" recuperaron un poco aquel concepto de autoestima que se había perdido. Quizá pensaran que no éramos la octava maravilla del mundo, pero que sí que podemos ser de cualquier lugar, que estamos capacitados para hacer una cosa con cara y ojos como en cualquier otro sitio, evidentemente con las deficiencias que siempre hay, pero con aquella pizca de satisfacción que te da el saber que estás haciendo algo positivo.

P. Por tanto, estáis en una situación en la cual todo serían beneficios porque la tecnología crearía puestos de trabajo.
R.
Sí a nosotros no nos puede afectar demasiado, ésta es nuestra ventaja. Tenemos poca industria. Como empresa importante sólo nos queda una colonia textil, el Cortés, en la que hace 18 o 20 años trabajé, y éramos más de 100 trabajadores, y ahora sólo son 50 o 60, y muchos de ellos de Súria. Por tanto, no tenemos nada que perder en una apuesta de este estilo y mucho a ganar.

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