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...derecho a la interacción

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
26/2/2002
Fuente de la información: Revista en.red.ando
Organizador:  Enredando.com, S.L
Temáticas:  Comunicación digital  Política  Participación 
Editorial número 308

El agua no quiebra costillas, pero moja rabadillas

Una de las afirmaciones más repetidas por los políticos -que se expresaron al respecto- sobre el encuentro del Foro Mundial Social de Porto Alegre fue alabar "el grado de implicación de los ciudadanos en los problemas que les afectan y, en general, en los problemas del mundo". Los ciudadanos no podemos decir lo mismo respecto a la implicación de los políticos. Ensalzar el aspecto cívico del encuentro de Porto Alegre suena a demagogia si no lleva pegado, como una lapa, el tomar en cuenta la lección principal: además de escuchar, hay que actuar en consecuencia. Los ciudadanos, definidos como colectivos al nivel que se desee, han encontrado los canales para expresar su forma de estar ante un mundo que se les presenta cada vez más ajeno y peligroso. Sin embargo, esos mismos canales quedan neutralizados cuando no contribuyen a negociar consensos y políticas que les afectan directamente. Comunicar se comunican, como decíamos en el editorial "Del derecho a la comunicación, al...", pero de interactuar, todavía más bien poco y, si fuera por esos políticos tan propensos a la alabanza fácil, nada.

Este es, posiblemente, el primer derecho específico de la Sociedad del Conocimiento: el derecho a interactuar, a transmitir visiones que sean asumidas por el otro como parte de las propias. Esto significa trascender el ruido de la información (¿de dónde viene?, ¿quién la emite?, ¿con qué intención?) y de la mera comunicación, para crear entornos "anudados" o nodos de redes, espacios virtuales donde los participantes sean reconocidos y reconocibles y el proceso de creación de relaciones sociales emerja como fruto de una actividad conjunta. A mi entender, este es el contexto en el que deberían aparecer (como, por otra parte, está sucediendo) nuevos medios de comunicación y una nueva forma de periodismo. Nuevos medios creados a partir de la intervención y participación de los ciudadanos, medios que consoliden los canales de expresión y de participación en la vida política, social, económico o cultural, tanto en el ámbito local como, por tanto, en el global. Medios, en fin, cuya línea editorial sea la expresión negociada de quienes participan activamente en su elaboración. Esta es la interacción, un derecho todavía no escrito ni jurídicamente formulado, no reconocido por la ONU ni por ninguno de los organismos internacionales y los gobiernos. Pero es un derecho específico de la era de las redes. Interacción: escuchar al otro e incorporar su discurso en el propio.

Para esto, desde luego, tenemos que evolucionar considerablemente en el uso y apropiación de las redes. Es necesario crear espacios virtuales estables, concebidos a partir de objetivos claramente explicitados por sus usuarios, sean estos individuos, colectivos, empresas u organizaciones. Espacios dotados de las 3P:

* Persistencia: que su actividad quede recogida en archivos digitales consultables y transmisibles.

* Pertinencia: que su información y conocimiento guarde una estrecha relación con los intereses de sus promotores y participantes.

* Pertenencia: que constituye la vía propia de expresar y vehicular una visión del mundo con capacidad de influir sobre los acontecimientos. Todo lo contrario del sentimiento de desarraigo que producen muchas instituciones a pesar de que se les otorgue el apellido de democráticas, ya sean los grandes y tradicionales medios de comunicación, bancos mundiales o regionales de diferente pelaje, partidos políticos u organismos sociales de diferente tipo.

En estos entornos virtuales, la interacción se traduce en significados sociales, políticos o económicos concretos. Y según cómo se organicen estos entornos, estos nodos de la red, la actividad periodística asume un cariz nuevo: el procesamiento de la información y la organización de los flujos de comunicación estarían en función de los objetivos marcados por los propios consumidores-productores de dicha información. Los periodistas de la red serían quienes formaran parte de estos nodos inteligentes, lugares en la red donde se captura, procesa, discrimina y disemina información en función de los intereses de quienes la promueven y generan. Esto no es nada nuevo desde el punto de vista de la actividad que se genera en la Red: está sucediendo desde hace años de manera sincopada, torrencial y caótica. Estos nodos inteligentes deberían erigirse en la forma concreta de urbanización digital del espacio virtual.

Los que reivindican el "derecho a la comunicación" como parte de la "batalla de la información" en el fondo pretenden hacer "mejor" lo que los medios hacen mal precisamente por la globalización. La conversión de todo lo que acontece en el mundo en eventos informativos les plantea a estos medios tradicionales una contradicción insalvable: el formato con el que han sobrevivido (y reinado) en la sociedad industrial ya no les sirve. Y el nuevo formato no sólo no se adapta fácilmente a sus características y cultura corporativa, sino que está copado por millones de personas que se comunican entre sí sin mayores cortapisas. Se comunican y se organizan, algo que no podían hacer con los medios tradicionales precisamente por la ausencia del factor comunicación. Y poseen herramientas propias que les permite crear entornos persistentes (no dependientes de la veleidad de una noticia o de la necesidad de vender un acontecimiento diferente cada día), pertinentes y pertenecientes a su ámbito de intereses.

La historia de los medios a medida que avanza la historia es que cada vez más ellos, se pierden las grandes historias. Y se las seguirán perdiendo por multitud de factores que conspiran a favor de este "Error Fatal". Se perdieron para siempre Internet, de la que no logran reflejar ni una brizna de la riqueza, diversidad y complejidad de las oportunidades que ofrece. Se perdieron los enormes problemas de la globalización -positivos y negativos-, el agravamiento constante del medio ambiente (como el cambio climático, el agujero de ozono, el deterioro de la capa fértil del planeta o la escasez de agua). Si el mundo dependiera de que los medios de comunicación tradicionales cumplieran con la "función social" que muchos le asignan, esconces apaga y vámonos. Además, esta concepción supone que si el conglomerado mediático no cumple, nosotros somos todos unos floreros incapaces de mover un dedo, proponer una idea, exigir un derecho, cambiar un pétalo de lugar.

Por eso los poderes, y los poderosos ideólogos que les asisten -de izquierda y derecha-, no cejan en tratar de retrotraer la situación al estadio anterior. Cuando miles de personas asumen la responsabilidad de colaborar en el proceso de procesar la información que les interesa y tratar de cultivarla a pesar del info-ruido ambiental, no se les deja de recordar la mitomanía de la gran cabecera periodística sostenida por los sacerdotes de la información dedicados en cuerpo y alma a la labor. La alianza en pro de reivindicar el peso inconmensurable de los medios de comunicación tradicionales, de su gigantesco proceso de concentración, parece invencible, pero tiene pies de barro. El FSM es tan sólo un botón de muestra, como lo fue la Association for Progressive Communications (APC) a principios de los años 90 del siglo pasado y que permitió organizar el Foro Global en la Cumbre sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Río de janeiro de 1992. Más de un millón y medio de personas se organizaba entonces en el conjunto de subredes telemáticas que componían la APC y que cubrían prácticamente todo el mundo. Esta es una historia que los medios de comunicación también se perdieron.

Lo que una cierta izquierda no ha aceptado todavía es que las estrategias elaboradas alrededor de un concepto de participación, que les ha costado elaborarlo toda una historia de luchas y sufrimiento, ha saltado por los aires. Las redes plantean el problema de la participación en un terreno diferente. El ámbito virtual es eminentemente participativo (con las correspondientes categorías de contemplativo, mirón, etc...) y se estructura de manera caótica o en canales concretos de comunicación y de expresión que articulan -en uno u otro caso- una parte sustancial de los mecanismos de expresión de las relaciones sociales de la globalización.

De ahí la importancia de la medida anunciada por el Departamento de Defensa de EEUU de anegar el mundo con información falsa para favorecer sus intereses. Más allá de la repercusión que esto pueda tener en los medios de comunicación tradicionales, la política de los militares de EEUU está orientada a asfixiar precisamente el ejercicio del derecho a la interacción. Uno de sus objetivos centrales serán las redes para introducir los elementos de confusión e incertidumbre que paralice la acción social que se desarrolla en el ámbito virtual. Por eso no estamos ante otro episodio más de propaganda "a la Goebbels". Es algo bastante más complejo, pues pretende atacar a la línea de flotación de las nuevas relaciones sociales surgidas en el seno de las redes. En el fondo, lo que se plantea el gobierno de EEUU es librar la batalla donde ésta realmente se está librando: en las mentes que han decidido actuar y encuentran en las redes uno de los soportes idóneos para organizarse de manera colectiva. A ello habrá que prestar toda la atención del mundo, pues posiblemente será uno de los factores decisivos que contribuirá a configurar los perfiles del derecho a la interacción.

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Del "derecho a la comunicación", al....
(Revista en.red.ando del 19.02.2002)

www.gradeclonewatch.com

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