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Artículo publicado en Madrimasd ++++++++++++++++++++++
El tráfico de fármacos falsos es una de las crisis más silenciosas de
la actualidad. No goza del oropel del cambio climático (aunque su
arranque fue también muy, muy discreto, hace unos 20 años), ni de las
angustias por la escasez de agua u otras de nuestras agresivas
intromisiones en el medio ambiente. Pero puede ser que, a la vuelta de
la esquina, nos pase una factura de proporciones inimaginables y casi
tan inevitable como con cualquiera de los otros desastres globales más
conocidos. Porque, aunque no es el objetivo final (nunca el resultado
de una perversión es el objetivo final), el tráfico con fármacos
falsificados lleva en su seno una alteración de consecuencias
incalculables: la altísima probabilidad de que microbios causantes de
plagas infecciosas, como la malaria, la tuberculosis o las afecciones
respiratorias, se vuelvan resistentes a los mejores fármacos de que hoy
dispone el arsenal médico contra estas enfermedades que matan e
incapacitan a millones de personas cada año.
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